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Extraordinariamente sencillo

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Aunque no es malo tener cosas materiales, no podemos permitir que se conviertan en una fuente falsa de saciedad.

“Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza”, Lucas 9:58

Analicemos el siguiente panorama: Un rey inmensamente majestuoso, glorioso y poderoso decide encarnarse y elije nacer en el seno de una familia humilde. Crece rodeado de gente sencilla y aprende un oficio poco remunerado, la carpintería.

Para ser bautizado no lo hace con bombos y platillos ni con exclusividad, sino un día en que todo el mundo lo hace. Además, quien lo bautiza no es un afamado sacerdote sino un hombre que se alimentaba con miel y langostas y se vestía con pieles de camellos.

Desde el comienzo hasta el fin de su ministerio dependió de lo que la gente le ofrecía y al morir recibió la peor de las muertes, aquella designada para las personas más despreciables de la sociedad: muerte de cruz.

¿Podemos verlo? Nuestro Dios encarnado fue extraordinariamente sencillo. Ante esto debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Por qué y para qué? Una respuesta del porqué, es porque a Él no le interesan las posesiones terrenales, porque sabe que no las podemos cargar con nosotras a la eternidad.

Y una respuesta al para qué, es para dejarnos ejemplo de cómo vivir la vida gozosas en medio de las circunstancias que nos ha tocado vivir, sea  abundancia o sea escasez. Con su ejemplo Dios nos enseñó que lo único que no nos puede faltar es el aliento del Padre, sin el cual estaríamos perdidas.

Amadas hermanas, gastamos tanto tiempo y esfuerzo en cosas que no nos darán contentamiento permanente y nos olvidamos de aquellas que son realmente importantes. Hacemos una remodelación a nuestra casa que luego mandamos a derribar porque tenemos una mejor idea.

La ropa, los zapatos y los perfumes que hoy nos consume el sueldo, mañana lo regalamos porque ya no nos gustan. Los muebles que hoy llevan al límite nuestra capacidad de endeudamiento, terminamos cambiándolos por estar fuera de moda. 

No olvidemos que estaremos saciadas cuando entendamos que solo en la presencia de Cristo hallaremos plenitud de gozo y delicias eternamente.

Oración: Padre, ayúdanos a volver al principio de nuestra fe cuando nos extraviemos del camino y danos un corazón humilde como el tuyo. Ayúdanos a seguir tu ejemplo viviendo vidas sin pretensiones ni posturas, y si se aumentan nuestras ganancias, permite que no pongamos nuestra confianza en ellas. Te rogamos que te conviertas en nuestra más preciada posesión. En Cristo te lo pedimos, amén.

Por: Belinda Castellanos 

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