Estoy contigo

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La presencia de Dios en nuestras vidas es la puerta a muchas otras bendiciones.

“Yo estoy con vosotros, dice Jehová”, Hageo 1:13

El profeta Hageo fue enviado al pueblo de Dios con un mensaje de aliento y esperanza. Quisiera recomendarles que lean todo el libro y anoten las promesas de aliento que hay en el texto. Esta es una de ellas; es como la puerta a todas las demás bendiciones. Es el compromiso de Dios de estar siempre con los suyos.

Su presencia nos da el poder necesario. Lo dice más adelante: “esfuérzate… esfuérzate” (2:4). Estas fuerzas son una provisión divina para quienes no tienen ninguna. Con Su presencia nos permite “cobrar ánimo”. Tal vez estemos hoy desanimados y sin recursos para superar el problema que nos agobia. El compromiso de Dios es darnos la gracia necesaria para levantar nuestro ánimo.

Pero también podemos estar cansados, nuestras fuerzas se han agotado y no responden. Aquí está el compromiso y el recurso de poder “esfuérzate… y trabaja”. No podemos con nuestro poder, pero podemos con el Suyo. Esta es la seguridad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Su compañía es también para paz. El apóstol dice que el “Dios de paz estará con nosotros” (2 Corintios 13:11). La inquietud embarga muchas veces nuestras vidas. Los conflictos externos llegan a llenar nuestro corazón y la paz desaparece. Nadie más que Dios puede hacernos sentir Su paz en nosotros. Es el regalo de Jesús: “mi paz os doy”.

No es posible vivir la paz de Cristo si no vivimos a Cristo mismo. El viene a nuestro lado para decirnos: “No se turbe vuestro corazón… creed en mí”. Aquel que es nuestra paz, puede hacernos sentir la calma de Su presencia para decir: Aunque ruja la tormenta, no tendré ningún temor, al amparo de la Roca salvo estoy.

Su compañía también aporta amor. Nada más triste que el desinterés y la falta de afecto. El desconsuelo llena el alma cuando esto ocurre. Pero, tal vez, es porque lo buscamos equivocadamente. La fuente del amor divino está en nosotros mismos. El Espíritu que nos fue dado derrama el verdadero amor, el de Dios, en nosotros. Nuestro Dios nos dice: “con amor eterno te he amado” y sabemos que nadie podrá apartarnos de ese amor. Pudiera ser que los más queridos nos dejaran, pero sabemos con seguridad que el Señor nos acogerá (Salmo 27:10).

La promesa tiene que ver también con la esperanza. El apóstol dice: “Cristo en nosotros esperanza de gloria”. Algunos de los nuestros han partido, pero la esperanza del encuentro con ellos llena de gozo nuestros corazones. Esto no evita las lágrimas, pero “no nos entristecemos como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13).

¿Han partido los nuestros? Simplemente se han adelantado unos pasos a nosotros, pero el momento de la reunión eterna ya llega, está cerca, ocurrirá en cualquier momento “y así estaremos siempre con el Señor, por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:17-18).

El tesoro del aliento de este versículo es admirable. Tendré todo lo que antes hemos considerado, pero tendré también Su compañía continuamente. Él lo dice: “Yo estoy con vosotros”. Es un presente, como si dijese: siempre estoy contigo, aunque no te des cuenta.

Oración: Señor hazme sentir esa presencia hoy y siempre. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

Por Samuel Pérez Millos 

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