Estirando la fe

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¿Estás orando por algo desde hace tiempo y sientes que Dios te tiene en espera?

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo...”, Gálatas 4:4

Nada hay tan difícil como esperar. Empezando con la invención de la rueda, seguido por la época industrial, el microondas y, de un tiempo para acá, el vertiginoso avance de la tecnología, la espera se hace cada vez más intolerable por la facilidad y rapidez que nos proveen estos medios.

¿Cuántas veces hemos orado por algo hasta el cansancio y Dios nos mantiene en espera? ¿Cuántas veces en medio de la espera nos hemos rebelado, cansado de esperar o sucumbido ante la tentación de resolver las cosas por nuestros propios medios?

¿Sabes? La impaciencia no es algo solo de nuestros días. La Biblia misma nos atestigua que siempre ha sido así. Lo vemos en Abraham y Sara, Job, Jonás y otros. En el caso de Abraham y Sara notamos cómo la tentación penetró su corazón en varias ocasiones y actuaron fuera del tiempo y la voluntad del Señor.

Uno de los casos más conocidos fue la ocasión de la promesa de descendencia que Dios les hizo. Habían pasado décadas desde el día en que Dios les prometió un hijo y la misma no se cumplía. Al cabo del tiempo y fijándose en la debilidad de su frágil cuerpo a causa de la vejez, Sara pierde la paciencia (Génesis 16:2). Como resultado, con la demanda hecha a su esposo, no solo comprometió su matrimonio sino que tomó el lugar de Dios.

Amadas, si algo no podemos olvidar es que el tiempo de Dios es perfecto. Igual de fácil le hubiera resultado a Dios cumplir su promesa a Abraham inmediatamente que décadas después. No obstante el elemento de la espera era una parte integral del desarrollo de la fe en sus vidas.

El plan de Dios no es simplemente bendecirnos concediendo nuestras peticiones, sino estirar nuestra fe al punto de maravillarnos para que Él pueda ser glorificado en nuestras vidas. Con el estiramiento de nuestra fe el Señor da forma a las imperfecciones de nuestro carácter, mientras construye el testimonio que luego Él quiere que contemos para bendición de otras que atraviesan circunstancias similares, para alabanza de su gloria.

Abraham y Sara fueron el ejemplo perfecto de lo importante que es estirar la fe esperando en el cumplimiento del tiempo de Dios. De su impaciencia tenemos en Ismael e Isaac la cruda realidad de las consecuencias que acarrea adelantarse al tiempo del Señor.

Oración: Amado Padre Celestial, perdónanos por crear tantos problemas y complicar nuestra vida. Perdona nuestra impaciencia y ayúdanos a considerar el costo de adelantarnos a tu tiempo y voluntad. En el nombre de Jesús, amén.

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