¿Está Dios tratando de captar nuestra atención?

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Nuestra falta de entendimiento no significa que Dios no esté al tanto o que no le importe lo que está sucediendo. Él no promete que siempre entenderemos sus caminos.

Durante semanas, hemos estado buscando una solución para el coronavirus. Con las mentes más brillantes en el campo de la medicina y la ciencia trabajando diligentemente, aún no hemos encontrado una cura para este virus mortal.

Pero ¿podría haber una respuesta que hayamos pasado por alto? ¿O en la que solo pensemos fugazmente?

Considere una posible solución que nos da de manera clara la Palabra de Dios. Piense en estas palabras de Aquel que ha creado todas las cosas:

“Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos —declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9 LBLA).

Tenemos a quién recurrir: a Dios, y Él no miente. El mismo Dios de quien las Sagradas Escrituras declaran: “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos” (Salmo 103:19).

Eso significa que Él tiene control de todo lo que ocurre en estos momentos. Puede que usted no crea que sea así debido a que esta situación es sumamente difícil y dolorosa.

Pero nuestra falta de entendimiento no significa que Dios no esté al tanto o que no le importe lo que está sucediendo. Él no promete que siempre entenderemos sus caminos.

Ni siquiera entendemos del todo el COVID-19. Cuando pensamos que tenemos una cura para este virus mortal, nos damos cuenta de que no es así.

Entonces, solo porque no entendamos los caminos de Dios no significa que debamos ignorar sus promesas y advertencias.

¿Nos ha dado Dios una solución en su Palabra? Lea las siguientes palabras que el Dios Todopoderoso dio a su pueblo hace siglos:

“Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar” (2 Crónicas 7.13-15).

Necesitamos de la sabiduría y la misericordia de Dios, y Él nos las ofrece.

Ello sin menoscabar de ninguna manera los esfuerzos de miles de personas en todo el mundo que se esfuerzan por encontrar una cura. Sin duda, Dios también trabaja a través de ellos.

Pero ¿está el Señor tratando de captar nuestra atención? Observe cómo asume Él la responsabilidad personal. Tres veces dice: “Si yo”.

“Si [yo] cerrare los cielos...”
“Si [yo] mandare a la langosta...”
“Si [yo] enviare pestilencia a mi pueblo...” 

Y el último versículo de este capítulo dice: “Por cuanto dejaron a Jehová Dios de sus padres, … él ha traído todo este mal sobre ellos” (2 Crónicas 7:22).

Sabemos que Dios no hace esto por maldad, sino para captar nuestra atención. A través de la adversidad externa, Él revela nuestra pecaminosidad interna y nos ofrece su salvación y su amorosa sanidad.

La verdad es que, sí, este virus es mortal. Pero hay mucho más que nos está destruyendo desde adentro. Las personas están enojadas y temerosas, sin esperanza ni identidad. ¿Y si todo esto ha sucedido para que clamemos a Él? ¿Para que dejemos los malos caminos que nos están destruyendo? ¿Para que encontremos la verdadera paz, sanidad y libertad en Él?

Le pregunto: ¿Cómo está su relación con Dios y su Hijo Jesucristo? ¿Alguna vez ha confesado sus pecados ante el Señor Jesús y lo ha aceptado como su Salvador personal, para que sus oraciones sean escuchadas? ¿Le ha dado a Dios el debido lugar en su vida que le corresponde?

¿Cuánto podría ser sanado —incluso más allá del coronavirus— si nosotros, como nación, nos humilláramos ante Dios, nos arrepintiéramos de nuestros pecados y le entregáramos nuestras vidas? Aprovechemos esta oportunidad para volvernos a Él y descubrir cuán bueno es en realidad el Señor.

Este es el momento de clamar a Dios por su misericordia y perdón.

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