Esperando por ti

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Por la gracia de Dios, hay una manera de salir de cualquier situación en la que nos encontramos por causa del pecado.

“El Señor no se tarda para cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que nos tiene  paciencia y no quiere que ninguno se pierda, sino que todos se vuelvan a él.” – 2 Pedro 3:9

A menudo se dice que, si sabes de lo que estás hablando, puedes expresar tu opinión en 30 segundos o menos. Advertencia: esto se vuelve personal y puede tardar un poco más de 30 segundos.

Aquí va: por más potencial para hacer el bien que veas en ti mismo y en el mundo, estás arruinado de manera irrevocable. Por más que lo intentes, estás destinado a fallar; y solo intentarlo no es suficiente. ¡El Dios que te creó y te ama exige perfección! Cuando Adán y Eva desobedecieron en el jardín, trayendo el mal al mundo, recibieron la sentencia de muerte para ti, para mí y para todos los seres humanos.

En su carta a los Romanos, el apóstol Pablo lo expresa de esta manera: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un solo hombre, y por medio del pecado entró la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12).

¡Guau! Esto es totalmente deprimente, pero no termina ahí, con nosotros desapareciendo hasta perdernos por completo.

Es que Dios nos amó tanto, que inmediatamente prometió enviar un salvador: su propio Hijo, quien era perfecto (ver Génesis 3:15). Esa promesa se cumplió hace 2.000 años cuando Jesús nació en Belén, vivió en este mundo como Dios y como hombre, murió en una cruz por nuestros pecados, resucitó de entre los muertos y ahora reina a la diestra de Dios Padre.

Entonces, por la gracia de Dios, hay una manera de salir de la situación en la que nos encontramos por causa del pecado. Es tan simple como aceptar un regalo porque, de hecho, eso es lo que es. Escuchemos otra vez a Pablo: “Pero el pecado de Adán no puede compararse con el don de Dios. Pues si por el pecado de un solo hombre muchos murieron, la gracia y el don que Dios nos dio por medio de un solo hombre, Jesucristo, abundaron para el bien de muchos” (Romanos 5:15).

¿Qué hay de tan importante en este Jesucristo? Que Jesús está aquí para ti, en vez de que tú estés aquí para algún otro dios. Es así de simple. No se trata de lo que tú hagas por un poder superior para ganarte un favor o lograr la iluminación. Se trata de lo que Jesús, el Hijo de Dios, hizo al dar su vida por ti para que puedas recibir su paz para los altibajos de hoy y, lo que es más importante, para que tengas vida con él en el cielo para siempre.

Entonces, ¿qué piensas de Jesús y de todo lo que él ha hecho? ¿Estás enojado, feliz, lleno de preguntas? Puedes hablar con él. Usa tus propias palabras. Él no espera nada sofisticado. Él está dispuesto a escucharte. Él te está esperando.

ORACIÓN: Padre celestial, la vida, muerte y resurrección de tu hijo Jesucristo tienen el poder de transformarnos a través del don de la fe. Gracias por Jesús, tu regalo inefable. En su nombre. Amén.

Por: Tara Mulder

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