Espeluznante pero bueno

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A pesar de todo el mal con el que todavía vivimos, Dios nos promete que pronto se acerca el final.

«¡Ya viene el día, candente como un horno! En ese día, todos los soberbios y todos los malhechores serán como estopa, y serán consumidos hasta las raíces. ¡No quedará de ellos ni una rama! Lo digo yo, el Señor de los ejércitos.» Pero para ustedes, los que temen mi nombre, brillará un sol de justicia que les traerá salvación. Entonces ustedes saltarán de alegría, como los becerros cuando se apartan de la manada. El día que yo actúe, ustedes aplastarán a los malvados hasta convertirlos en ceniza debajo de sus pies. Lo digo yo, el Señor de los ejércitos. – Malaquías 4:1-3

Lo confieso, este capítulo de Malaquías me parece bastante inquietante. Las imágenes son espeluznantes: cenizas, saltos repentinos y malvados siendo aplastados. Habla de las cenizas que quedan después que ha pasado un incendio forestal por la maleza y la hierba. Me provoca pasar la página y entrar directamente al libro de Mateo, con su dulce y reconfortante Evangelio.

Sin embargo, si hago eso, me pierdo de algo. Es cierto que Dios usa un lenguaje aterrador y que el tema que está abordando también es profundamente horrible. Pero es porque está hablando del mal en los seres humanos, de personas arrogantes que lastiman a otros, que nunca se arrepienten ni se entregan, y compara a sus víctimas con terneros encerrados en un corral. Si miras el resto de la Biblia, puedes descubrir por qué esos terneros estaban en el corral: estaban siendo engordados para ser sacrificados. ¿Siniestro? Sí que lo es.

El mal en los seres humanos es así. Y lo peor es que no se termina. Recién termina "la guerra que pondrá fin a todas las guerras", cuando comienza la otra. "¡Nunca más!", dicen los educadores del holocausto, y, sin embargo, los neonazis son una amenaza real hoy en día y el genocidio sigue ocurriendo en todo el mundo. Es como las colinas de California después de un incendio forestal: el suelo está despejado durante una temporada; pero como el fuego nunca llegó a las raíces subterráneas, en la primavera el arbusto vuelve a crecer.

Pese a todo esto, Dios nos da una promesa: “¡Ya viene el día, candente como un horno! En ese día, todos los soberbios y todos los malhechores serán como estopa, y serán consumidos hasta las raíces. ¡No quedará de ellos ni una rama!” Dios pondrá fin a todo mal, y su fuego purificador alcanzará toda la planta del mal, no solo las ramas, sino también las raíces que se encuentran bajo del suelo. Los prisioneros destinados a la muerte serán liberados. Y el sol de justicia se levantará con la cura en sus alas.

¿Quién es este sol de justicia? Es nuestro Señor Jesucristo. El mal en el ser humano no oscurecerá el mundo para siempre. Dios ya ha atravesado su oscuridad y su humo al venir a nuestro mundo en la persona de Jesús. Él vivió entre nosotros, trabajó, sirvió, cuidó y sufrió por nosotros, y su muerte y resurrección destruyó los poderes de la muerte y el mal.

Para todos los que confiamos en Jesús, ¡hay esperanza! A pesar del mal con el que todavía vivimos, pronto se acerca un final. El día amanecerá cuando experimentaremos al máximo la maravillosa libertad de los hijos de Dios y celebraremos a la luz de nuestro Salvador Jesús. El mal se habrá ido. Jesús prevalecerá. ¡Gracias a Dios!

ORACIÓN: Querido Padre, te pedimos que llegue pronto el día en que la muerte y el mal ya no existan, y nos regocijemos en la luz de Jesús. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿Qué mal del ser humano te molesta más en este momento?

2. ¿En qué forma confías en Jesús para que te ayude?

Por: Dra. Kari Vo

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