Esclava soy

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Al igual que Pablo, pongamos nuestras vidas en sacrificio y obediencia a Dios... por amor.

Si compras un siervo hebreo, seis años servirá, pero al séptimo saldrá libre, de balde. Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, su mujer saldrá con él. Si su amo le dio una mujer, y ella le dio hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y el saldrá solo. Pero si el siervo dice: ‘Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre’, entonces su amo lo llevará ante los jueces, lo arrimará a la puerta o al poste, y le horadará la oreja con lesna. Así será su siervo para siempre”, Éxodo 21:2-6

En la Biblia se menciona la figura del esclavo por amor, ese que se sentía amado, valorado, cuidado, protegido, al abrigo de su amor. Su corazón rebosaba de cariño por su señor y decía: “Yo amo a mi señor, no quiero ser libre”.

¿Cómo es posible que un esclavo decida por voluntad propia renunciar a su libertad y continuar viviendo bajo el yugo de esclavitud?

Porque ese siervo valoraba la intimidad con su amo sobre cualquier otra cosa. Porque se sentía amado, valorado, cuidado, protegido. Su corazón rebosaba de cariño por su amo y él lo dijo claramente: “Yo amo a mi señor, no quiero ser libre”. La vida del siervo giraba en torno al amor que sentía por su amo y, al igual que Pablo, él consideraba todo lo demás como “basura” (Filipenses 3:8) con tal de ganar a su amo.

Y esta figura del esclavo por amor, del siervo, el doulos de la antigüedad, nos sirve como ejemplo de nuestra posición con relación a Cristo:

Esclavas por amor. Siervas de Cristo.

"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”, Gálatas 2:20

Pablo se dio cuenta de que en la cruz se produjo un “gran cambio”. Cristo vino a vivir en él. Así que la vida de Pablo no es más suya, pertenece a Jesucristo. Pablo no es el dueño de su propia vida (esa vida murió), sino que simplemente está “gestionando” la nueva vida que Jesús le dio.

Ya no vivo yo. Mi vida ya no es mía. Le pertenece a Cristo.

¡Ah, qué delicia poder ser la sierva del Señor! Dedicar mi vida a conocerle, a servirle, a obedecerle, a hacer todo aquello que Él me dé, no como una obligación, sino como un acto de amor.

Ser una esclava por amor implica renunciar de manera deliberada a “mis derechos” a “lo mío” y tomar como ejemplo de vida a Cristo, quien “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

Cada vez que leo estos versículos la piel se me eriza, no lo puedo evitar. Date cuenta de que Jesús, siendo Dios, se despojó voluntariamente de Su divinidad, no estimó el ser igual a Dios para ser superior a otros, tomó forma de siervo, fue hecho semejante a los hombres, se humilló a sí mismo al obedecer hasta la muerte y muerte de cruz. Puso en práctica Su humildad por medio de Su obediencia: puso tus derechos sobre los Suyos, puso tu bienestar sobre el Suyo, puso tu vida por encima de la Suya y padeció hasta la muerte.

…fue el ejemplo perfecto del siervo por amor.

Sigamos nosotras ese ejemplo perfecto de Cristo y vivamos con gozo, con ánimo y con fe esta vida maravillosa de esclavas por amor. No hay vida mejor.

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