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Esclava por amor

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Nos guste o no, todos somos esclavos. La pregunta clave es: ¿quién es tu dueño?

¿Qué es un esclavo? “Alguien que pertenece completamente a su dueño, cuya vida entera está moldeada por la voluntad de su amo”.

Si meditamos un poco en esta definición y somos sinceras, nos daremos cuenta de que, nos guste o no, todos somos esclavos. ¿No me crees? Piénsalo bien: Todos seguimos y servimos a algo o a alguien dándole la autoridad para que moldee nuestra vida.

Nuestro Señor Jesús así lo explicó a un grupo de nuevos discípulos que creían ser libres...

"Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Ellos le contestaron: Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”? Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado", Juan 8:31-34.

Igualmente, la generación humanista de nuestros días argumenta “libertad” sirviendo a sus propios intereses y deleites. Esto en realidad resulta muy sencillo ya que somos egoístas por naturaleza, servimos a aquello que creemos nos satisface o nos da placer, por eso solemos ponernos en el centro.

Sin embargo, las promesas de esta cultura son huecas; aunque dan algunas satisfacciones y deleites temporales, terminan siendo autodestructivas, dejando el alma vacía. En la historia de la humanidad no ha habido una generación más autocomplaciente, vacía, sin propósito y deprimida.

Entonces, la pregunta debe ser: ¿De quién somos esclavos? Algunos “amos” son difíciles de identificar; estamos tan inmersas en una cultura egocéntrica, consumista y vanidosa, que ni cuestionamos nuestros hábitos y costumbres más arraigadas. Pudiéramos estar sirviendo a Dios sólo de labios, pero teniendo el corazón lejos de Él (Mateo 15:8).

¿Quién es tu dueño?:

  • Aquello que controla tu mente, tus pensamientos, tus emociones, tus intereses, lo que te complace, te da bienestar y seguridad, eso que te domina.
  • Esas cosas que ocupan tu esfuerzo, tus energías, tu tiempo, lo primero que suele venir a la mente cuando tienes un espacio de tiempo para pensar en lo que quieras.
  • Eso que sabes que te estorba para conocer y servir al Dios verdadero, eso de lo cual sabes que te debes despojar… porque recuerda: nadie puede servir a dos señores (Mateo 6:24).

Quizá has dicho o escuchado frases como éstas: “es mi decisión, son mis derechos, es mi vida”. Un buen esclavo no le contesta a su amo: “Yo decido, no te metas conmigo” (al menos que se considere a sí mismo su propio señor). Un buen esclavo obedece y dice con hechos y palabras: "mi vida te pertenece, no se cumpla mi voluntad sino la tuya (Lucas 22:42).

Cristo decidió humillarse, voluntariamente dejó Su trono y tomó forma no sólo de hombre, sino de siervo, dando Su vida por amor a ti y a mí. ¿Harías lo mismo, no sólo de palabras sino también de hechos?

¿Seré esclava de Cristo o de mis propios apetitos y deseos?

¿Y mis palabras (Romanos 15:18), pensamientos (1 Crónicas 28:9), anhelos (Salmo 38:9) y obras (Santiago 2:24, Jeremías 17:10)?

Los pensamientos del Señor no son como los nuestros, ni Sus planes como los nuestros, los Suyos son más altos.

Pudiéramos pensar que ser esclavos de Jesucristo resulta algo arcaico o injusto, cuando en realidad rendirnos resulta en ganancia. Porque ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su alma? (Marcos 8:36).

¿Habrá en mí el sentir de Cristo o seguiré aferrada a mi posición, ideas, planes y deseos? ¿Viviré en la carne, o en la fe del Hijo de Dios el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí? (Gálatas 2:20).

"Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, […] se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, […] se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz", Filipenses 2:5-8

Para ser una persona plena, satisfecha, completa, gozosa, es necesario ser esclava permanente del Único Amo Fiel, Justo, Verdadero, PERFECTO: Jesucristo.

¿Eres esclava de ti misma? ¿De la fama? ¿Del dinero? ¿Del poder? ¿Del control? ¿De la libertad, la irreverencia? (2 Timoteo 3:2) ¿De la corrupción (2 Pedro 2:19), de los deleites y placeres diversos? ¿De la malicia y envidia, odio y venganza? (Tito 3:3) ¿De tus propios apetitos? (Romanos 16:18) ¿De la opinión de los hombres? sólo Dios y tú lo saben...

La Biblia nos da instrucciones contraculturales que, al ponerlas por obra, nos sacan del centro. Necesitamos morir a nosotras mismas colocando a Jesucristo como eje central.

Nuestro principal deseo debe ser agradar al Señor no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los demás, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres (Efesios 6:6-7).

¿Cómo está tu nivel de amor? ¿Te cuesta trabajo obedecer o servir? ¿El orgullo domina tu vida? ¿Te sometes a la voluntad de Dios en lo que te place, o también en lo difícil y complicado? ¿Estás dispuesta a servirle y seguirle con todo lo que eres o sólo con algunas áreas de tu vida?

Encomendemos nuestra vida a Él en oración y rindamos nuestros derechos y voluntad al Único Perfecto, que nos ama con amor eterno

Una esclava por amor dice: “me deleito en hacer Tu voluntad, Dios mío; Tu ley está dentro de mi corazón” (Salmo 40:8), “no se haga mi voluntad sino la Tuya” y eso… eso es lo mejor que nos puede pasar.

Siendo Su esclava he encontrado verdadera libertad.

Por Lucy Reyna Orozco Meraz

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