¿Es el matrimonio una carta blanca para dejar de trabajar?

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El matrimonio no es una excusa para la pereza. Como mujeres también estamos llamadas a bendecir nuestros esposos financieramente.

El próximo mes de octubre me casaré con un contador público que es “rico” (por lo menos, en mi mente lo es). El dinero nunca ha sido una prioridad para mí; siempre me imaginé casándome con un estudiante pobre del seminario.

Por eso me ha sorprendido de manera agradable este giro sorpresivo. La verdad sea dicha, esperaba poder aprovecharme de él, no teniendo que trabajar 40 horas en la oficina cada semana, para beneficiarme de su trabajo.

Pero entonces leí esto en el libro "El poder de la esposa que ora" de Stormie Omartian:

"Muéstrame cómo puedo ayudar a aumentar nuestras finanzas y no disminuirlas por actuar sin sabiduría”.

¡Qué concepto tan fascinante!

Me refiero a que definitivamente me imaginaba bendiciéndolo físicamente, emocionalmente, relacionalmente y espiritualmente, pero… ¿financieramente? No tanto.

Pero resulta que el matrimonio no es una excusa para la pereza. Soy un poco lenta. Debí haberlo sabido por Proverbios 31, ¿cierto?

"Mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Su valor supera en mucho al de las joyas".

En otras palabras, ella misma constituye una riqueza para su esposo.  Pero solo por el hecho de que ella misma ofrezca a su esposo algo de gran valor, no le da el derecho de ganarse una carta blanca para no trabajar. El pasaje continúa…

"En ella confía el corazón de su marido, y no carecerá de ganancias”.

Si eres escéptica de que esta ganancia incluya verdadera riqueza material y física, sigue leyendo:

"Ella le trae bien y no mal todos los días de su vida. Busca lana y lino, y con agrado trabaja con sus manos […] También se levanta cuando aún es de noche, y da alimento a los de su casa. […] Evalúa un campo y lo compra; con sus ganancias planta una viña […]  Nota que su ganancia es buena, no se apaga de noche su lámpara […] Hace telas de lino y las vende […] ella vigila la marcha de su casa y no come el pan de la ociosidad” (Proverbios 31:12-27).

Así que tengo un nuevo objetivo: bendecir a mi futuro esposo en cada área, incluyendo nuestras finanzas. ¿Y tú? ¿Hay alguna manera en que puedas ayudar con las finanzas de tu esposo? ¿Aunque sea “vigilando la marcha de tu casa”? O por lo menos ¿hay maneras en que puedas tener cuidado de no disminuir las finanzas de tu esposo por falta de sabiduría?

(Solteras, esto empieza ahora, ¡con lo que haces con tu dinero aún antes de conocer a quien pueda ser un día tu esposo!)

¿Soy la única o hay alguien más que necesite arrepentirse de una actitud de “aprovechada”?  Trabajemos, damas, y bendigamos a nuestros esposos en cada área. Sí, aun financieramente.

Por Paula Hendricks

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