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¡Eres una novia! ¡Celebra!

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¿Esperas con ansias el día de tu boda? Recuerda que tu primer amor llegó por ti el día que lo aceptaste en tu corazón.

“En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas.” – Isaías 61:10

Recuerdo perfectamente el día en que me puse mi vestido de novia. Muy temprano por la mañana fui a la peluquería y luego, en casa, fui preparada para la gran ocasión. Mi maquillaje fue muy natural por cierto. Luego cuidadosamente pusieron ese hermoso traje blanco, fui ataviada con unos pendientes elegantes (prestados) y con un collar muy fino cuya figura principal y única era un corazón de oro regalado por mi madre. Unos hermosos zapatos blancos hacían el juego perfecto. 

Ese día nunca lo olvidaré; fue un día de alegría y gozo y de expectación.

Qué manera más propicia para describir e ilustrar la Salvación, lo que significó para nosotros la obra de Cristo en la cruz y el fruto de ese maravilloso don dado por Dios.

Querida joven amiga, ¡tú eres una novia! Sí, a ti que eres soltera, casada o quizás viuda, te lo digo: ¡celebra! Porque somos la novia de Cristo, su iglesia es la esposa del cordero que fue inmolado, pues él nos ha vestido de justicia, Su justicia, aquella que hizo posible perdonarnos de todos nuestros pecados y que ha traído el gozo del Señor.

Una novia celebra, festeja, porque su día ha llegado. Nuestro día llegó cuando le dijimos sí a Jesús aceptando por fe su sacrificio y perdón, aceptando que fuera nuestro Salvador y Señor, aceptando su vida. Entonces hay motivos más que suficientes para gozarnos y alegrarnos porque ha venido nuestra salvación, nuestra libertad y gozo perpetuo.

No te olvides de ese día glorioso en que Jesús puso su mirada en la nuestra y extendió su Gracia y misericordia para darnos perdón, libertad y vida eterna. Que tu vida y la mía refleje el amor, el gozo y la alegría que trajo la salvación. Que nada ni nadie te robe esa alegría y gozo, ese día cambio nuestra vida para siempre, así como cambió la mía cuando fui al encuentro de mi amado. Pero un día iremos todas al encuentro del amor de los amores, de nuestro Amado Jesús, y nos gozaremos y alegraremos, y juntas celebraremos las bodas del cordero, dando honra, gloria y majestad a Aquel que lo dio todo por amor a ti y a mí.

Por Elba Castañeda

 

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