Enseñar con el ejemplo

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Lograr que nuestros hijos sean agradecidos con Dios va más allá de la simple enseñanza, es un estilo de vida que se modela.

Qué difícil es cuando se nos olvida que tan solo con repetir las cosas no es suficiente, que tenemos que vivirlas. 

Me refiero a dar gracias. Pero no al mero acto de decir “gracias” casi sin pensarlo, mecánicamente. No, me refiero a algo que llega a ser parte de nuestra naturaleza, algo que requiere fuerza de voluntad. Sacrificio.

“Haz que sea la gratitud tu sacrificio a Dios”, dice el Salmo 50:14. ¿Dar gracias un sacrificio? Según la real academia, esto es sacrificio: Acto de abnegación [por propia voluntad] inspirado por la vehemencia[fuerza] del amor.

El salmista nos está diciendo, según esta definición: Decide por voluntad propia, e inspirado en la fuerza de tu amor a Dios, darle gracias.

Esto es algo con lo que estoy batallando en mi casa. Quiero enseñar a mis hijos a dar a Dios un sacrificio de acción de gracias constante, cada día. Me doy cuenta de que la tarea es “salmónica”, sí, lo leíste bien. Inventé la palabra, no es salomónica sino “salmónica”. Y es que el salmón nada en contra de la corriente y eso precisamente es lo que estoy tratando de hacer.

Vivir dando gracias a Dios, como estilo de vida, es contracorriente. La sociedad solo dice: “dame, quiero, es mi derecho, ahora”. Y por tanto hemos descuidado la disciplina de ofrecer a Dios sacrificios, sacrificios de acción de gracias, de alabanza. Un sacrificio siempre cuesta algo. En este caso doblegar nuestro yo para que deje de mirarse a sí mismo y pueda ver todo aquello por lo que se puede dar gracias.

Dios nos dice cómo quiere que entremos a su presencia: “Entrad por sus puertas con acción de gracias”. No hay mejor manera de llegar. No hay otra manera de llegar. Él detesta la ingratitud. Y lo probó cuando Israel se demoró cuarenta años en un recorrido que pudieron haber hecho en apenas unos días.

Quiero instruir a mis hijos en esta contracorriente. Quiero que puedan despertar cada día y entender que contar las bendiciones es la mejor manera de vivir. Porque al contarlas conocerán a aquel que las derrama sobre su vida. Sean grandes, sean pequeñas. No tenemos derecho a ellas. Son por gracia. 

Dar gracias pudiera parecer difícil, cuando no queremos ver o cuando no podemos ver. Sacrificio.

Y me doy cuenta de que no vale solo repetir esto a mis hijos cada día. Tienen que verlo en mí. Tengo que modelarlo.

Vivir dando gracias a Dios es algo más que “hacer limonada cuando la vida nos da limones”, es reconocer su soberanía, confiar en su provisión, recordar su fidelidad.

Sí, es un estilo “salmónico” revestido de sacrificio. ¿Y acaso no fue un sacrificio lo que en primer lugar me permite conocer a Dios, el autor de todo por lo que puedo dar gracias? 

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