Enséñanos a orar (Parte 21)

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Nuestras peticiones son importantes para Dios, porque somos Sus hijos.

Características de la oración poderosa: Confiada

Hay otra idea falsa sobre la oración que Dios desea corregir. Se podría pensar que una actitud apropiada para acercarse al trono por parte de los cristianos necesitados, muchas veces necios o reincidentes, es llegar con una humildad miserable.

Se podría pensar que debemos presentar las peticiones tímidamente, sin atrevernos a pensar que el Gran Dios pudiera considerar nuestros insignificantes problemas como dignos de su atención, que debemos andar en puntas de pies alrededor de Él, caminando con temor, como sobre cáscaras de huevo, murmurando rápidamente nuestras necesidades y corriendo luego hacia la puerta.

Tonterías, dice el apóstol Santiago. Usted es un hijo amado de Dios, príncipe o princesa real, sacerdote del templo celestial. Dios quiere que crea en la importancia de sus peticiones y que le crea a Él cuando dice que recibe con interés la información sobre los aspectos de su vida en que necesita ayuda.

“Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor, ya que es persona de doble ánimo e inconstante en todos sus caminos” (Santiago 1:6-8).

La duda viene de Satanás. Si él puede sembrar dudas en su mente y hacer que sospeche que Dios se ríe de usted, que lo desprecia, lo ignora o se desentiende de sus problemas, la voz de su oración será en verdad tímida y pronto cesará. ¡Crea en Su Palabra! ¡Reclame su nueva identidad! ¡Hable sin miedo! ¡No tema! ¡No dude! Dios sonríe cuando ve que usted se acerca.

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