Enfocando la mirada

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Mientras seamos ciudadanas de este mundo, Dios herirá todo aquello que tenga más prioridad que Él en nuestras vidas.

“A ti te fue mostrado, para que supieses que Jehová es Dios, y no hay otro fuera de él… Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro”, Deuteronomio 4:35, 39

Sacar a Israel de Egipto no fue asunto fácil. Llegado el tiempo propicio, Dios escogió a un hombre, Moisés, para conducir a Su pueblo a tierras de libertad.

Faraón se había posesionado tanto de los hebreos, como ellos de la incredulidad hacia Dios. A tal causa Dios tuvo que intervenir directamente con milagros extraordinarios para mostrarle a Egipto que Él solo era Dios, y a Israel, que Él seguía siendo su Dios; el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Después de 400 años de aparente abandono de Dios y tras la convivencia en medio de la idolatría de Egipto, Israel había desviado su mirada del Dios único y seguido las formas del país donde vivían, por lo que Dios tuvo que trabajar en esta área de sus vidas. Con las plagas, Dios les demostró que no se había desentendido de ellos y que no hay dios como su Dios; y a Egipto, que solo Él es Dios y no hay otro igual.

Dada la resistencia de Faraón de liberar a Israel, Dios envió 10 plagas: moscas, piojos, ranas, granizo mortífero, sangre por agua, oscuridad, úlceras, muerte del ganado, langostas y la muerte del primogénito de cada familia egipcia. Mediante estas plagas, Dios hirió a Egipto en todo lo que ellos consideraban sus dioses y seguridad.

Pasa lo mismo con nosotras. Contaminadas con la cultura de este mundo y acostumbradas a ella, Dios nos hiere en lo que han venido a ser nuestros dioses: dinero, salud, confort, trabajo, relaciones, etc., para que no miremos a ellos y aprendamos a confiar tan solo en Él.

Mientras seamos ciudadanas de este mundo, Dios herirá todo aquello que tenga más prioridad que Él en nuestras vidas. Al hacerlo nos hace un llamado de atención a re-enfocar y re-orientar nuestra mirada, confianza y afecto hacia Jesucristo.

Oración: Padre, gracias por derribar los altares de nuestra vida, ya sea nuestras finanzas, nuestro sistema de seguridad, nuestra justicia, o alguna cosa o persona. Mientras viajamos por esta vida, ayúdanos a mantener nuestros ojos puestos en Jesús, el Autor y Consumador de nuestra fe. Amén.

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