Enemiga de Dios

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Nuestro deseo de tener lo que otros tienen y conseguirlo por nuestros propios medios, nos aleja de aquel que nos lo puede dar.

“¿Saben por qué hay guerras y pleitos entre ustedes? ¡Pues porque no saben dominar su egoísmo y su maldad! Son tan envidiosos que quisieran tenerlo todo, y cuando no lo pueden conseguir, son capaces hasta de pelear, matar y promover la guerra. ¡Pero ni así pueden conseguir lo que quieren!” – Santiago 4:1

La envidia, un peligroso sentimiento que saca lo peor de nosotros. Es un sentimiento de tristeza o de enojo que experimentamos cuando deseamos tener para nosotros mismos lo que alguien más tiene.

Siendo la segunda de cuatro hermanos, te confieso que sentí envidia, enojo e incluso rechazo cuando mamá daba a mi hermana o hermano la atención que yo sentía tanto necesitar solo para mí. En la etapa escolar esta clase de sentimientos se hace más latente, pues estamos con la mirada fija observando quién tiene una mejor mochila, ropa o, en estos tiempos, un mejor celular.

Cuando dejamos que estos sentimientos hagan raíz en nuestro corazón, estos comienzan a crecer y traen consecuencias como las peleas, los gritos, problemas, discusiones y una serie de eventos que el resultado que dejan son solo sentimientos de culpa y tristeza.

Esto ha existido desde el tiempo de Adán y Eva, Abel y Caín y muchos más, y hoy leemos en Santiago 4:2 que sucede porque estamos afanadas deseando tener lo que otros tienen y quisiéramos conseguirlo para nosotros mismos, y en ese afán egoísta somos capaces de pelear y desobedecer. Y esto nos convierte en enemigas de Dios.

La buena noticia es que así como sentimos envidia, podemos elegir sentimientos contrarios a esta, es decir, desear el bien a los demás y ayudar.

Agradecimiento; un sentimiento contrario a la envidia.

Cada día debemos tomar la decisión de ser conscientes de todo lo bueno que ha sido Dios con nosotras. Él nos ha levantado, rescatado, limpiado y puesto un nuevo nombre. Ahora gracias a Jesús somos sus hijas, más que vencedoras.

Como nuevas criaturas, hijas de Dios, tenemos acceso al trono de la gracia, y mira lo que dice Santiago 4:

“Ustedes no tienen, porque no se lo piden a Dios. Y cuando piden, lo hacen mal, porque lo único que quieren es satisfacer sus malos deseos. Ustedes no aman a Dios, ni lo obedecen. ¿Pero acaso no saben que hacerse amigo del mundo es volverse enemigo de Dios? ¡Pues así es! Si ustedes aman lo malo del mundo, se vuelven enemigos de Dios.”

Tenemos un padre dueño de todo y de todos, y solo tenemos que pedirle lo que necesitemos… sí, leíste bien, lo que necesitemos, no lo que deseamos o queramos. Es por eso que nos dice Santiago que pedimos mal, porque estamos tan preocupadas por querer encajar con los demás que solo pedimos cosas para nuestra propia satisfacción y eso nos convierte en enemigas de Dios. Pues él nos ha mandado a amar a nuestro prójimo como a nosotras mismas, no a pelear con ellos.

En una ocasión leía que estamos condenados a tomar decisiones en esta vida, y así es, pues Dios nos dio libre albedrío. Es nuestra responsabilidad elegir sabia y prudentemente cada día.  

Te felicito porque has elegido estar aquí y juntas aprender de su palabra a través de estos estudios que nacieron en el corazón de Dios. Sigue así, pues su palabra es la que nos da luz y guía nuestro camino.

Por Kary de Zabala

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