Encienda una vela por la esperanza

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Mientras espera la Navidad, y mientras espera la segunda venida de Jesús, alégrese porque Dios está con usted.

En la época de la primera navidad, las velas y las lámparas de aceite eran la única manera de tener iluminada la casa después de la puesta del sol. Por lo tanto, las velas eran algo muy importante.

Hoy no lo son tanto. En la era de la electricidad les quedan solo unos pocos usos a las velas; uno de ellos es en los preparativos para emergencias. Las organizaciones de prevención y atención de desastres quieren que en todas las casas y en todas las empresas haya una provisión de agua embotellada, cobijas, alimentos enlatados, velas y fósforos para usarlos en el caso de que fallen o se suspendan todos los servicios. Las velas son parte del equipo de supervivencia.

En algunos lugares, una dulce y antigua costumbre de Adviento es encender una nueva vela en cada una de las cuatro semanas que preceden a la Navidad. Se me ocurre que encender una vela de Adviento es recordar que nuestro Mesías venidero, Cristo Jesús, nos va a ayudar no solo a sobrevivir al juicio que viene, sino también a triunfar con él.

Si sigue esta tradición, cuando encienda la primera vela reflexione sobre la poderosa realidad de la Navidad que estamos esperando: Jesucristo es Dios mismo, que vino en carne humana para vivir por usted la vida perfecta que usted no puede vivir y para sufrir por usted la muerte que usted merece.

Mientras espera la Navidad, y mientras espera la segunda venida de Jesús, alégrese porque Dios está con usted. “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel” (Isaías 7:14).

Permita que esa primera vela le recuerde la esperanza que trae Jesús.

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