En vez de seguir corriendo… ¡siéntate!

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¿De qué nos estamos perdiendo por estar corriendo tras Dios y nuestros líderes en vez de sentarnos ante ellos?

Las Escrituras dicen que María se sentó a los pies del Maestro. Mientras todos corrían con los preparativos del agasajo, incluso su hermana, ella se sentó a sus pies.

En el Oriente, sentarse significaba «estar sobre», un acto completo y una obediencia absoluta. Es interesante notar que el pueblo de Israel debía comer la Pascua de pie, simbolizando la premura de los tiempos, es decir, la importancia de salir rápido hacia los brazos del Libertador.

Sin embargo, la cena era un acto solemne donde no solo no se corría, sino que era un tiempo especial de recogimiento, de relación, de estar para el otro. Sentarse implicaba un compromiso especial y único hacia lo que estaba sucediendo al cual se le dedicaba todo el tiempo y atención.

Los discípulos de hoy corren tras el Maestro y cuando tienen la posibilidad de sentarse a sus pies, siguen corriendo. No existe en nuestros días “multifocales” -de imagen de tres segundos que prevalezcan sobre las ideas eternas- el concepto oriental de «sentarse».

Creo que si nuestros jóvenes pudieran estar quietos y sentarse ante quienes los discipulan en un mundo de constante movimiento, es probable que se elevaran por encima de las multitudes que solo corren detrás de «sentimientos».

Cuando correr solo cansa

Existe gran cantidad de veces donde el ser un discípulo de Jesús no logra su éxito. Veamos…

1. Cuando me preocupa más el quehacer cotidiano que la inversión en lo eterno.

2. Cuando giro alrededor del Maestro en vez de sentarme a sus pies.

3. Cuando corro delante de Él sin tiempo para digerir todo lo que me presentó.

4. Cuando lo persigo como un seguidor, pero sin sentarme, sin estar comprometido por completo a la preparación.

Sentarse implica concederle autoridad al Maestro para que me enseñe. Me quedo permitiendo que el mundo exterior pase y que el mío se detenga para poner mis ojos sobre Él y darle autoridad. Uno puede decir que tratándose de Jesús cualquiera le daría autoridad. Sin embargo, no estamos hablando de Jesús, estamos hablando de María.

La autoridad que se le da a alguien no se mide por lo que esa persona me pueda enseñar, sino por lo que estoy dispuesto a aprender. Procuramos mantenernos paraditos, expectantes, para ver si la persona que tengo delante se gana la autoridad para poder aprender. Además, el secreto de mi «sentarme» es un compromiso para aprender antes de ver lo que tiene el Maestro para darme.

Me siento antes que todo

En nuestros años como asesores o coaches, y luego de haber atendido a cientos de líderes latinoamericanos, podemos decirte que el entrenamiento no pasó por encima, sino que atravesó a esos que se han distinguido en sus vidas.

Se trata de personas comprometidas a aprender del proceso antes de que empezara, de darle autoridad al coach antes de comenzar la sesión y no conforme a lo que te fuera diciendo. La acción de sentarse nos ayudará a poder crecer dejando que Dios use personas y situaciones capaces de mostrarme, guiarme y a cada día estar a Sus pies.

Hoy es el primer día del resto de nuestras vidas. Si he corrido bastante este año y solo espero que empiece el siguiente, permítenos decirte que la vida es cada día y que la eternidad comienza ahora. La clave no está en lo que pasa afuera, sino en lo que elijo que suceda dentro de mí a fin de que pueda sentarme a los pies del Maestro, disfrutar de Su presencia, mirar Su rostro y dejar que me guíe en este día maravilloso que comenzaré a vivir.

No salgas corriendo desesperado hacia la acción. Elige sentarte y ver cómo el Señor puede darte todo lo que necesitas este día y agregarle todo lo que le falta. Si sabes que viene un día con tormenta, siéntate a Sus pies y verás cómo todo comienza a ser diferente.

La buena parte

La Biblia narra que Jesús dijo que María eligió «la buena parte»:

Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”, (Lucas 10:41-42).

Esta era una expresión común que significaba la porción de valor en la fiesta. María escogió con sabiduría. Sabía lo que era más deseable y honorable y lo eligió. Jesús decide apoyar esta elección manifestando que no se le quitaría esa parte. El Maestro coloca la fiesta espiritual por encima de la material. ¡Qué gran opción para este día!

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