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En terreno seco

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La muerte y resurrección de Jesús hicieron posible que tuviéramos una liberación más grande que la vivida por el pueblo de Israel.

Vengan a ver las obras de Dios, sus hechos sorprendentes en favor de los hombres. Convirtió el mar en terreno seco, y ellos cruzaron el río por su propio pie. ¡Alegrémonos por lo que hizo allí! Por su poder, él nos gobierna para siempre. – Salmo 66:5-7a

Este salmo da un mandamiento y ofrece una invitación. Se nos manda a cantar de alegría a Dios y a darle "gloriosas alabanzas" (Salmo 66:2b). Dar honor al nombre del Creador del cielo y de la tierra. Incluso sus enemigos son convocados a reconocer su poder, aunque "son sometidos" ante el Señor de la gloria (Salmo 66:3b).

En caso de que alguien no sepa el motivo de la alabanza obligatoria, se nos extiende una invitación a todos, fieles y enemigos por igual: "Vengan a ver las obras de Dios" (Salmo 66:5a). Podemos ver claramente lo que Dios ha hecho; somos testigos de primera mano de Sus obras asombrosas registradas en las páginas de las Escrituras. Cuando Dios liberó a su pueblo de la esclavitud en Egipto, lo hizo "con mano fuerte y brazo extendido" (Deuteronomio 5:15b). En su éxodo a la libertad, cuando Israel quedó atrapado entre las aguas del Mar Rojo y los carros mortales del Faraón, Dios "convirtió el mar en terreno seco". Israel cruzó a un lugar seguro en tierra seca y las aguas que regresaban ahogaron a los soldados que los perseguían. Finalmente, cuando Israel estaba a punto de cruzar a la tierra que Dios les había prometido, encontraron otra barrera de agua: esta vez, el río Jordán. Una vez más, Dios contuvo las aguas e Israel cruzó el río "con su propio pie", sobre terreno seco.

No nos limitamos a sentarnos y escuchar o leer acerca de los hechos asombrosos de Dios: los vivimos porque Él realiza sus obras poderosas también en nuestras vidas. El gran poder de Dios estaba oculto y, al mismo tiempo, revelado en la cruz. Allí vemos sus obras más impresionantes. Dios envió a su propio Hijo para nacer entre nosotros y asumir la pena de muerte que merecíamos por nuestro pecado. Luego, demostrando su poder glorioso, Dios lo resucitó de entre los muertos. Ahora, llamados por el Espíritu Santo y marcados con el signo de la cruz, hemos pasado por las aguas del Bautismo. Enterrados con Cristo Jesús en el bautismo, fuimos levantados para caminar con Él en una vida nueva. Y un día, de acuerdo con el tiempo perfecto de Dios, caminaremos seguros con Jesús a través de las furiosas y mortales aguas de la muerte, como si estuviéramos en terreno seco.

ORACIÓN: Dios Todopoderoso, en tu santa Palabra hemos visto lo que has hecho por nosotros. Te alabamos por tus asombrosas acciones ahora y por toda la eternidad. Amén.

Para reflexionar:

1. El agua ocupa un lugar destacado en los milagros de Dios en las Escrituras: el Mar Rojo, el Río Jordán, el Mar de Galilea, el Mediterráneo. ¿Por qué crees que sea así?

2. ¿Alguna vez ha obrado Dios en tu vida de una manera notable? ¿Cómo?

Por: Dra. Carol Geisler

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