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En guerra con el mundo

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¿Qué tan diferente es nuestra época con aquella que vivió Pablo en medio de una sociedad llena de dioses?

“Ustedes saben que, cuando no eran creyentes, eran arrastrados hacia los ídolos mudos.” (1 Corintios 12:2)

La palabra que Pablo usa en el original para “no creyentes” es “paganos”, un término muy interesante que evoca todo tipo de cosas, como estrellas de cinco puntas y éxtasis religioso, hedonismo e idolatría. Uno podría pensar en un grupo de brujas con túnicas negras que practican algún ritual secreto en lo profundo del bosque. Las prácticas de animismo o incluso satanismo vienen a la mente.

En los días del apóstol Pablo, un pagano era un gentil que no era ni cristiano ni judío, y que seguía una de las religiones politeístas o misteriosas en boga en el primer siglo, ya fuera en Grecia o Palestina. Los cultos paganos griegos eran bien conocidos por sus prodigiosos ídolos y los magníficos templos que albergaban a sus dioses. Sin duda, Pablo tenía una gran tarea por delante en la rica y cosmopolita metrópolis de Corinto, donde el paganismo estaba en pleno apogeo.

Aunque la magnitud del paganismo griego antiguo no es la norma hoy en día, me pregunto qué tendría que decir el apóstol sobre el estado actual de nuestras cosas. Con toda nuestra sofisticación de alta tecnología, artilugios y diversiones, nosotros, como aquellos que vivieron en un mundo de 10.000 dioses, estamos siendo tentados por todos lados, a menudo insensibles a las cosas de Dios, saturados con el mundo y la egolatría que tan hábilmente destaca y reafirma.

De manera similar, en un momento el mismo Pablo estuvo preocupado con las cosas mundanas: “fui circuncidado al octavo día, y soy del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín; soy hebreo de hebreos y, en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que se basa en la ley, irreprensible” (Filipenses 3:5-6). Estas son credenciales excepcionales. La vida es buena, debe haber pensado. Tengo todo en orden, debe haber reflexionado secretamente, adorándose a sí mismo y a la profesión “justa” a la que se dedicaba.

Pero gracias a Dios, esas cargas que engañan al alma fueron quitadas de su espalda y arrojadas al basurero como tantos otros ídolos.

Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida, por amor de Cristo. Y a decir verdad, incluso estimo todo como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por su amor lo he perdido todo, y lo veo como basura, para ganar a Cristo y ser hallado en él, no por tener mi propia justicia, que viene por la ley, sino por tener la justicia que es de Dios y que viene por la fe, la fe en Cristo; a fin de conocer a Cristo y el poder de su resurrección, y de participar de sus padecimientos, para llegar a ser semejante a él en su muerte, si es que de alguna manera llego a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:7-11).

Señor, presérvanos de las cosas que desvían nuestra atención de ti, en cualquier forma que se nos presenten.

ORACIÓN: Padre celestial, sin la luz de tu Hijo estamos destinados a seguir a un “ídolo” tras otro. Acércanos a ti por el poder del Espíritu Santo y afirma nuestros corazones en Jesús. En su nombre oramos. Amén.

Por: Paul Schreiber

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