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El Rey sacrificial

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Jesús no solo se entregó sacrificialmente en la cruz, cada día de su vida en la Tierra fue un día de sacrificio por nuestro bien.

Pasaje Bíblico: “¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”. Juan 1:29

Es imposible separar el nacimiento de Cristo del propósito de su venida. Juan 3:16 nos dice: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Al tomarnos hoy un tiempo para mirar el corazón de un Dios que sacrificó su propia vida para que podamos encontrar la vida a través de él, abramos nuestros corazones para tener un nuevo encuentro con su amor real y disponible para nosotros.

La venida de Jesús fue en su totalidad una decisión motivada por el amor: “Porque tanto amó Dios al mundo”. Tan grande es la profundidad de su amor por su caprichosa corona de la creación que se convirtió en hombre para vivir la vida que ninguno de nosotros jamás podría haber vivido. Tan grande es su amor por nosotros que tomó el dolor y la vergüenza que merecíamos y ofreció su vida como rescate por la nuestra. Verdaderamente no hay amor más grande que el sacrificio de nuestro Rey.

¿Te has detenido recientemente para reconocer cuán intencionalmente Dios te busca? ¿Te has detenido para maravillarte por lo lejos que llegará simplemente para tener tu corazón? En el ajetreo y el bullicio de esta época de Navidad, no pasemos por alto el mejor regalo que tenemos. Que no nos perdamos la realidad del amor de Dios por nosotros, esperando que llegue la próxima cosa en el calendario. En lugar de eso, podemos tomarnos cada día un tiempo para dejarnos hundir en la simple verdad de que Dios se hizo hombre por completo. Dios mismo, que no tiene principio, ni límite, ni debilidad, ni merece dolor, se encarnó en pos de una relación más profunda, más rica y completamente restaurada contigo y conmigo.

El amor de Jesús que celebramos en la Navidad es un amor de sacrificio. No solo se entregó sacrificialmente en la cruz: cada día de su vida fue un día abandonado por nuestro bien. Cada lágrima, cada punzada de hambre y cada herida que sufrió a lo largo de su vida, lo experimentó no porque tenía que hacerlo, sino porque decidió hacerlo por amor a nosotros. Imagina dejar la perfección del cielo para venir a la tierra. Imagínate dejar una conexión sin obstáculos, cara a cara con el Padre celestial y convertirse en un niño. Imagina permitir que una madre y un padre te cuiden cuando eres el mismo Dios cuya existencia nunca ha tenido un comienzo.

En esta época de celebración podemos tomarnos un tiempo para recordar el sacrificio amoroso y vivificante del Rey que adoramos. Que podamos centrar nuestros corazones y nuestras vidas a su alrededor. Que le demos la adoración y alabanza que merece. Que esta época navideña cambie nuestras vidas para siempre a medida que respondemos a la búsqueda continua de nuestro Dios amoroso ofreciéndole a cambio nuestros corazones.

Guía de Oración:

1. Tómate un momento para reflexionar sobre el amor de Dios que se refleja en la venida de Cristo.

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.  Juan 3:16

2. Pídele a Dios que te revele todas las formas en que te ha estado buscando. Permite que la venida de Jesús acreciente tu fe en que Dios sigue buscándote.

3. Tómate un tiempo para responder a la búsqueda de Dios ofreciéndole tu corazón. Corónalo Rey de tu vida para que todo lo que eres y tienes pueda ser suyo. Comprométete a vivir hoy en respuesta al gran amor de Dios por ti.

“Vayamos hasta su morada; postrémonos ante el estrado de sus pies”. Salmo 132:7

En Filipenses 3:12 Pablo escribe: “No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí”. Como creyente Cristo te ha hecho suyo. Fuiste comprado por un precio que solo Jesús podía pagar. Que esta época esté marcada por el amor y la alegría que solo pueden venir de la verdadera comunión con Jesús, nuestro Rey sacrificial.

Lectura Complementaria: Juan 3

Por Craig Denison

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