El Rey justo

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Aunque no merecemos ninguna buena cosa de Dios, debido a su justicia misericordiosa él recompensa generosamente incluso el poco de bondad que hay dentro de nosotros.

Pasaje Bíblico: “Por eso el Señor los espera, para tenerles piedad; por eso se levanta para mostrarles compasión. Porque el Señor es un Dios de justicia. ¡Dichosos todos los que en él esperan!”. Isaías 30:18

A menudo, la palabra "justicia" se toma como sinónimo de castigo. Nuestras sociedades tienen sistemas de justicia. Exigimos justicia para los oprimidos castigando al malhechor. Vemos a la justicia como lo necesario para ir contra la depravación inherente de nuestro mundo.

Sin duda la justicia es un componente increíblemente importante para la vida, pero servimos a un rey que, aunque es completamente justo, también es completamente misericordioso. Servimos a un Dios que no rehúye las consecuencias y las convicciones, sino que busca todas las oportunidades para dar buenos regalos a sus hijos.

Isaías 30:18 ilustra esta tensión celestial al decir: “Por eso el Señor los espera, para tenerles piedad; por eso se levanta para mostrarles compasión. Porque el Señor es un Dios de justicia. ¡Dichosos todos los que en él esperan!”. Isaías dijo estas palabras a un pueblo increíblemente idólatra. Israel no era una nación a la que hubiéramos juzgado como digna de bendición. Pero Dios, a través de su corazón de misericordia y justicia, condujo constantemente a su pueblo a su redil por cualquier medio necesario para que pudiera recompensarlo con buenos y agradables regalos.

Incluso en los momentos de debilidad tu Padre celestial te ama. Aun en los momentos en que tú te condenarías, tu Padre se deleita en mostrarte misericordia. Y aunque no merecemos ninguna buena cosa de un Dios perfecto, debido a su justicia misericordiosa, él recompensa generosamente incluso ese poco de bondad que hay dentro de nosotros.

Santiago 1:17 nos enseña: “Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras”. Todo lo que es bueno en tu vida fue suministrado por la mano de tu Padre celestial. Cada centavo que has ganado y cada posesión que recibiste fue Dios quien te lo dio con placer. Todas las amistades que has desarrollado y todos los miembros que se han ido agregando a tu familia se te proporcionaron por misericordia, porque sirves a un Rey justo y misericordioso.

Que en esta época navideña podamos celebrar el corazón justo de Jesús. Que podamos encontrar paz y consuelo en el hecho de que Dios ve el mundo correctamente, pero nos mira con compasión. Que nuestros corazones se llenen de adoración al mirar a Jesús, nuestro Rey justo.

Guía de Oración:

1. Medita en el corazón justo de Jesús. Permite que la verdad del carácter de Dios abra lugares en tu corazón para recibirlo.

“Por eso el Señor los espera, para tenerles piedad; por eso se levanta para mostrarles compasión. Porque el Señor es un Dios de justicia. ¡Dichosos todos los que en él esperan!”. Isaías 30:18

2. ¿Dónde ves la justicia misericordiosa de Dios en tu vida? ¿Dónde lo ves otorgarte regalos?

“Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras”. Santiago 1:17

3. Tómate tiempo para adorar a Jesús en respuesta a todo lo que te ha dado. Ofrécele oraciones de agradecimiento por toda su bondad.

“Canten salmos al Señor, porque ha hecho maravillas; que esto se dé a conocer en toda la tierra”. Isaías 12:5

Parte del misterio de la vida cristiana es abrazar paradojas. Servimos a un Dios de misericordia y justicia. A los que no merecemos nada se nos ha dado todo. La vida con Dios está llena de gloriosas paradojas. Que podamos celebrar quién es Dios en esta época de Navidad, y ofrecerle nuestros corazones en respuesta a su gran amor. Que podamos exaltar al Rey de justicia, quien en su amorosa bondad se hizo carne para recibir el castigo que merecíamos. Toda la gloria a Jesús, nuestro Rey justo.

Lectura Complementaria: Isaías 30

Por Craig Denison

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