El que elige mejor por ti

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Dios sabe lo que te falta, esa área que es infértil en tu vida, y sabe mejor que nadie el momento oportuno para proveértelo.

“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.” – Salmo 73:25

Cuando vemos cómo Dios le dio un hijo a Sara pese a su infertilidad, podemos aprender que nada hay imposible para nuestro Dios y entendemos que cerca de Él nada nos va a faltar. Incluso Dios nos puede dar lo imposible para la mente humana.

Como señoritas quizás todavía no pasamos por esa preocupación de no poder tener hijos, pero examinando nuestra vida podemos ver que tenemos infertilidad en otras áreas. Debemos recordar que infertilidad también es la escasez de algo en nuestras vidas. Puede que tengas escasez de amigas, que te sientas sola sin una par en quien confiar con completa libertad en todas las áreas de tu vida.

Puede que tu escasez sea una familia que ame a Dios y te sientas remando sola contra la corriente. Tal vez sientas que los años están pasando y Dios no responde a tu oración de tener un novio y que todas tus amigas de tu edad ya están casadas o comprometidas y eso te haga sentir estéril en el área amorosa.

Dios sabe lo que te falta, esa área que es infértil en tu vida, y sabe mejor que nadie el momento oportuno para proveértelo. Hoy leemos este hermoso salmo donde David sentía que sus esfuerzos por ser un hombre diferente a los demás para agradar a Dios ya no estaban valiendo la pena y al final recapacita, entiende y se alegra de saber que Dios es mejor que cualquier otra cosa que él pueda desear y deja este verso escrito en su diario de oración:

“…fuera de ti nada deseo en la tierra.”

Si hoy sientes que tú ya no puedes más, sientes deseos de bajar tus brazos y dejar de clamar por lo que tanto has pedido a Dios en oración, recuerda que Sara espero hasta los 90 años para ser madre y que cuando se desesperó y perdió su confianza en Dios hizo algo que hasta el día de hoy trae conflicto al pueblo de Israel.

Mejor piensa como David y recuerda que: “Aunque mi cuerpo y mi corazón desfallecen, tú, Dios mío, eres la roca de mi corazón, ¡eres la herencia que para siempre me ha tocado!” (salmo 73:26 RVC). Cuando tu cuerpo y tu corazón ya no den más y estén agotados de la falta de respuesta de parte de Dios, debes recordar que, aunque Él no responda aun, está guardando lo mejor para ti. Aunque sea positiva o negativa su respuesta debes descansar en que nadie podría elegir mejor que Él lo que te conviene.

Puede que hoy no lo entiendas, pero cuando pase el tiempo y mires para atrás verás que lo que pensabas que era una escasez en tu vida era mucho mejor así. Confía en Dios y a Su tiempo te dará lo que te falta, se acabará la infertilidad en tu vida y serás llena, no solo por lo que Dios te ha dado, sino también porque supiste esperar, descansar y confiar en Él aun cuando tu corazón desfallecía.

Por Andrea Donoso

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