El mundo de María

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Dios quiso que este mundo fuera como el de María primero y el de Marta después, empezando por el orden del día.

“María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”, Lucas 10:42

Dios quiso que este mundo fuera como el de María. Como el de María primero y como el de Marta después.

En el recuento de Génesis 1, donde se describen los días de la creación, Dios dice repetidamente: “fue la tarde y la mañana” (Génesis 1:5, 8, 13, 19, 23, 31). La tarde y la mañana un día, la tarde y la mañana día segundo, día tercero, y así sucesivamente. Pero en el mundo de Marta -en nuestro mundo- no contamos el tiempo así. En nuestro mundo contamos el día cuando para nosotras empieza, esto es  “en la mañana”, no en la tarde.

En el principio Dios estableció el ritmo del mundo muy diferente al que tenemos hoy: la tarde y la mañana, tarde y mañana, tarde y mañana. Para Dios, como para los judíos, el día empieza a la puesta del sol (en la tarde) de un día y termina con la puesta del sol del día siguiente.

Si el día empezaba a la puesta del sol ¿qué sucedía o hacían los judíos, sobretodo en una cultura sin tecnología alguna? Los judíos disfrutaban de la intimidad y unidad familiar. Su vida era rica en tradiciones y actividades que fomentaban esa unión. Bajo la luz tenue de sus lámparas de aceite comían juntos, contaban historias de sus antepasados, oraban y cantaban a Dios.

Así concluían la primera parte de su día (la tarde). Al amanecer, en la siguiente parte de su día (la mañana), se dedicaban a sus labores o trabajo. Conforme al desarrollo del día judío, podemos llamar a la ‘tarde’ un momento María o de adoración y a la ‘mañana’ un momento Marta o de trabajo. Así también debe ser el ritmo de nuestros días: María primero, después Marta: adoración, después trabajo.

En nuestro mundo el día empieza al revés, en la mañana. Suena la alarma, saltas de la cama, sales corriendo para hacer el desayuno, preparar a los niños y correr, correr, correr... Ya estás acelerada, ansiosa, enojada con todos, frustrada, odias el tráfico, llegas apurada y retrasada al trabajo. Después corres para la casa a trabajar más y luego caes tendida aspirando tener un momento María (adoración) si el sueño no te vence, mientras preocupada piensas en todo lo que tienes que hacer al día siguiente y que el tiempo no te va a dar. Día tras día se repite el mismo patrón viviendo como Marta: trabajo, trabajo, trabajo, con “algunos” escasos momentos María.

Dios quiere que tu mundo, tu día, empiece con adoración y luego le siga el trabajo. El desea que así como los judíos, nuestra mañana empiece habiendo concluido el día anterior adorando y pasando tiempo en familia durante la tarde. Así, el trabajo será una extensión de nuestra adoración, con las pilas recargadas y el espíritu relajado al haber pasado tiempo de calidad en comunión con Dios, nuestra familia y Su pueblo.

Dios certifica que un mundo así “es bueno en gran manera”. Pruébalo.

Oración: Te exalto ¡oh Dios! porque eres infinitamente sabio. Todo cuanto has hecho obedece a un orden que es de bendición. Procuraré que en mi hogar el día se desarrolle como tú lo creaste; tarde y mañana; adoración y después trabajo; María y después Marta. En el nombre de Jesús, amén.

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