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El monstruo verde

Description

Constantemente debemos examinarnos a nosotros mismos para estar seguros de que el monstruo de la envidia no nos haya contaminado.

El monstruo verde se muda sin avisar. Sin pedir permiso se acomoda y empieza a reclamar como suyo el territorio ajeno. El monstruo verde no hace distinción de edad, sexo, profesión, nivel educacional ni estatus social. El monstruo verde es sutil y persuasivo. No tiene rostro pero su voz es clara e insistente. 

¿Y quién no lo conoce? Es tan viejo como el mundo. Tanto así que fue el autor del primer asesinato registrado en la historia. El monstruo verde tiene un nombre que lucha por enmascararse: envidia.

Tú y yo lo conocemos también. "Si yo tuviera ese trabajo.....", "Si ganara tanto dinero como…", "Si tuviera la casa de…", "Si mis hijos fueran como…", "Si yo usara la talla de…", "Si yo hablara como…", "Si fuera tan bonita como…" Y la lista puede seguir interminablemente porque el monstruo verde no tiene fin, si lo dejamos.

Podemos justificar este sentimiento de mil maneras, pero déjame decirte sin tapujos que la envidia no tiene cabida en el plan de Dios para nuestra vida. Desde un principio él lo dejó bien claro, hasta figura en la lista de los 10 mandamientos que muchos saben de memoria: 

"No codicies la casa de tu prójimo. No codicies la esposa de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su burro, ni ninguna otra cosa que le pertenezca" (Éxodo 20:17, NTV). 

Dios, el Creador, que nos conoce muy bien por dentro y por fuera por eso mismo, porque es nuestro Creador, sabía que el codiciar produce envidia, y la envidia, muerte.

Sí, quizá ni tú y yo no hemos matado a nadie por envidia, en el sentido literal, pero en nuestro corazón....¡ah, la historia es muy diferente! El monstruo verde carcome los huesos, nos destruye por dentro (Proverbios 14:30).

No nos dejemos engañar. Dios es infinitamente sabio. Él sabe lo que eres capaz de sobrellevar, lo que necesitas. No anheles lo de otro porque solo puedes ver un lado de la moneda. El juego de la comparación no nos lleva a ninguna parte, excepto a la destrucción de nuestro ser, y de nuestras relaciones. No compares a tu esposo con el de tu amiga. No compares a tus hijos con los de otra persona. No le sigas el juego al monstruo verde porque te esclavizará. Si no somos felices con lo que somos o con lo que tenemos ahora, tampoco lo seremos después.

Te dejo con el consejo de un hombre muy sabio que aprendió el secreto de una vida feliz: el contentamiento. Su nombre fue Pablo y cuando escribió esto que vas a leer estaba preso, encadenado a un soldado romano. 

"Sé vivir con casi nada o con todo lo necesario. He aprendido el secreto de vivir en cualquier situación, sea con el estómago lleno o vacío, con mucho o con poco. Pues todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas" (Filipenses 4:12-13, NTV) 

Amiga, con la fortaleza que Dios no da, hagamos una inspección sincera, y si te encuentras al monstruo, échalo fuera y asegúrate de cerrar bien las puertas para que no vuelva. 

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