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El dueño de todo

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Es muy fácil decir que Dios es el dueño de todo, sin embargo, la realidad es que manejamos nuestra vida económica como si el dinero fuera nuestro.

¿Hay algunos versículos de la Biblia que hablen de cómo debemos manejar nuestro dinero en el siglo 21?

En la Biblia hay 2.350 versículos que nos hablan del manejo del dinero. El Dr. Howard Dayton siempre dice que el tema del dinero es el tema más mencionado en el Nuevo Testamento, después del tema del amor. Hay  que tener en cuenta de que habrá quizás unos 500 versículos que hablan sobre la fe, otros 500 sobre la oración… pero cuando uno nota que hay más de 2.300 que hablan sobre el dinero, uno comienza a pensar que parece que Dios nos quiere decir algo… ¿no?

Y lo primero que nos quiere decir es que Él es el dueño de todo (Salmos 24:1). Fácil, ¿no?  No señor. No tan fácil: a no apurarse, porque “del dicho al hecho hay mucho trecho”. 

Nosotros somos rápidos en decir que Él es el dueño de todo, sin embargo, la realidad es que manejamos nuestra vida económica como si el dinero fuera nuestro. Lo sentimos nuestro. Y no solamente el dinero: también sentimos nuestra la casa, el negocio y, a veces, hasta el mismo ministerio. Por eso a veces nos va tan mal, porque no tenemos la capacidad de tomar decisiones económicas con la sangre fría de un administrador. Las tomamos en medio de la turbulencia emocional de un dueño.

A veces, después de un seminario, alguien viene y me dice: “Andrés, nosotros teníamos tantas deudas que hasta perdimos la casa”.  Entonces, yo generalmente respondo: “¿Sabes por qué la ‘perdiste’?…  ¡porque era ‘tuya’! Si no hubiera sido tuya, nunca la hubieras perdido”. A esto la gente siempre reacciona con una expresión de desconcierto. 

¿Por qué sentimos ese sentimiento de “pérdida”?… porque nos sentimos “dueños” de la propiedad. Si uno hubiera actuado como un verdadero administrador, simplemente hubiera tomado fríamente una decisión económica: traspasar un activo a un pasivo. Listo. Hubiera sido una simple transacción económica. A uno le duele porque la perdió… y la perdió porque uno la “tenía” (uno no puede perder nada que no tiene). Se sentía dueño de la casa y por eso le dolió perderla.

Por otro lado, también Dios nos quiere decir que tenemos que ser pacientes, perseverantes, ordenados, libres de las garras del dios del dinero, previsores, generosos, tomadores de decisiones basadas en la Biblia... ¡y tantas otras cosas más!

¿Cómo se aplica esto al ámbito de los negocios?

Los negociantes latinoamericanos, a la luz de la Palabra de Dios, a veces tomamos decisiones económicas casi “suicidas”. Tenemos serios problemas, por ejemplo, en la forma en la que nos comprometemos económicamente, en la toma de deudas, en la forma en la que manejamos las finanzas del negocio y hasta tenemos problemas para cerrarlos en el momento apropiado. 

“El avezado ve el mal y se esconde”, dice el libro de Proverbios. Nosotros, por otro lado, nos acordamos cuánto nos costó construir nuestro negocio, que cuando llega el momento de cerrar y moverse a otra cosa, no queremos dejarlo ir. Decimos que Dios es el dueño del negocio, que Dios nos ha bendecido (Proverbios 10:22), pero en el fondo del corazón estamos emocionalmente “enganchados” con el fruto de nuestra labor.

Yo le recomendaría a cada profesional y negociante que está leyendo este artículo que se acerque a su librería cristiana favorita y se consiga el libro “Los negocios y la Biblia”. Los principios bíblicos que se explican en ese libro pueden cambiar diametralmente el rumbo de sus negocios. 

Hay una forma correcta y una incorrecta de tomar decisiones económicas. La Biblia tiene la correcta y el resto del mundo ha hecho popular la incorrecta. No es de extrañarnos que los empresarios cristianos andemos tan mal como los no cristianos. ¡Nos comportamos de la misma manera!

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