El diario de una soltera insegura

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Cómo esperar al hombre de tus sueños si desfallecer en el intento.

“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él…” (Colosenses 2:9-10).

Siendo sinceras, ¿cuántas de las solteras al conectarnos en internet y recibir el bombardeo de anuncios publicitarios, nos hemos sentido atraídas a leer los que indican: “Qué hacer para que él (chico que te gusta) se fije en ti”, o “Pasos para llamar su atención”?

Bueno, quizás algunas estarán pensando: ¡no! ¡Nunca ha pasado por mi mente! Aunque no sea nuestra mayor debilidad y sepamos que nuestro manual de instrucción para TODO es La Biblia, en ocasiones la curiosidad nos lleva a dar un clic… Y, ¿qué encontramos?, cosas que nos desilusionan. Nos damos cuenta de que lo que el mundo ofrece, todo aquello que no sea filtrado por la Palabra de Dios, no nos edifica y debe ser desechado.

La Palabra de Dios nos exhorta a que “no vivamos ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambiemos nuestra manera de pensar para que así cambie nuestra manera de vivir y lleguemos a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto” (Romanos 12:2).

Los criterios del mundo no deben ser nuestra guía o patrón. Por el contrario, debe ser siempre lo que Dios dice en Su Palabra y, además, recursos valiosos que nos enriquecen, como libros de hermanos en la fe con más años y experiencia.

Admito que al disponerme a leer el libro “Dama en espera” de Debby Jones y Jackie Kendall, llamó mi atención el título del capítulo 7: La mujer segura. Me entristecí en mi corazón al darme cuenta de que pude haber escrito con mi vida el diario de la mujer insegura. Me vi retratada ahí y llegué a la conclusión de que precisamente eso pasaba y sigue pasando (muy poco, por la gracia de Dios) cuando desvío mi mirada de Jesús y la coloco en mis deseos o en el hermano de mis afectos.

Ese capítulo aborda las siguientes dos preguntas: ¿por qué las mujeres tienden a ir detrás de los hombres? y ¿por qué las mujeres tienen dificultad en quedarse quietas y esperar a que el hombre tome la iniciativa y se desarrolle la relación? Y la respuesta fue una sola palabra: INSEGURIDAD.

Las autoras comentan algunas de las actitudes que caracterizan a las mujeres inseguras y que pueden servirnos para evaluarnos.

Una mujer insegura:

-  Tiene centrado su mundo en algo (matrimonio) o en alguien (Sr. Correcto) que se puede perder o se lo pueden quitar.

-  No disfruta plenamente de una relación, porque UN HOMBRE NO PUEDE DAR SEGURIDAD, solamente Dios puede hacerlo.

-  Se aferra a una relación.

-  No siente confianza hasta que no tiene un hombre a su lado.

-  Cuando el hermano de sus afectos no se encuentra cerca, teme que no vuelva o que no la llame más.

-  Desea captar todo el tiempo y atención del hermano que le agrada. Y todos sus planes y metas giran a su alrededor.

-  Siente celos. Pierde la confianza cuando su hermano mira a otra mujer. O Para ponerlo en contexto, cuando él chatea por WhatAssap con otra de tus hermanas en la fe.

-  No quiere que haya otras mujeres atractivas o interesantes a su alrededor; se siente amenazada si esto ocurre.

-  Desea saber los planes de su hermano y con quién pasa el tiempo.

-  Crea falsas expectativas.

-  Cuando su hermano la lástima o la desilusiona, puede que se enoje por varios días.

-  Vive con el temor de hacer algo mal y perderlo.

¡Esto es duro! pero muy acertado. Pero antes de lamentarnos al vernos retratadas en ese cuadro, sigamos el camino del arrepentimiento y volvamos nuestra mirada a Aquel que ama nuestras almas, nuestro Señor Jesucristo, quien es nuestra seguridad y en quien encontramos toda la plenitud (Colosenses 2:9).

Si te preguntas: ¿es pecado que me agrade un hermano de la iglesia?, la respuesta es ¡no! Entonces ¿cuál debe ser mi actitud para no reflejar ser una mujer insegura? Debemos trabajar desde nuestro interior, y no hay mejor medicina que una vida de devoción al Señor, sumergirse en Su Palabra y guardar Sus dichos en el corazón (Salmo 119:11), y lo seguro es que Dios nos mostrará el camino (Salmo 25:4).

Sé que a muchas de mis hermanas solteras (no solo de mi iglesia local) en estos momentos les agrada un hermano y dudan en cómo deben responder a este sentimiento. Y llegan las preguntas: ¿Qué debo hacer? ¿Debo hacer algo para que se fije en mí? ¿Debo de alguna forma llamar su atención?

Como no soy una experta en el tema, les compartiré lo que aprendí de una de las grandes mujeres de fe, citada en el famoso capítulo 7. Elisabeth Elliot dice: No debes hacer “nada”. Nada para él. No lo llames. No le escribas notitas con caritas sonrientes o dibujes una flor o un pescadito debajo de la firma y se la coloques en su buzón. No te le aparezcas en el pasillo ni le digas jadeantemente, “tengo que hablarte”. No tengas aspecto melancólico, no lo ignores, no lo persigas, no le hagas favores, no hables de él con nueve selectas oyentes.

Solo hay algo que puedes hacer, dijo Elisabeth: DALE EL ASUNTO A DIOS. Si es el hombre que Dios tiene para ti, “nada bueno niega (Dios) a los que andan en integridad” (Salmo 84:11).

¿Te identificas? ¿Es esto realidad en tu vida? ¿Podrías escribir con tu vida un diario de una mujer insegura?

Recuerda que Jesucristo es nuestro mayor tesoro. Él derramó Su preciosa sangre por ti y no hay nada fuera de Él que pueda satisfacerte. Aunque no es pecado sentirnos atraídas a un hermano en la fe debido a que los sentimientos y emociones son obra del Señor, nuestra primera motivación debe ser vivir para Su gloria, gozándonos en Su voluntad y dando gracias por todo.

¡Él tiene cuidado de ti y de mí! ¡Gloria al Señor!

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