El deseo de Dios de encontrarse con Moisés

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Si Dios se encontraba con Moisés, un hombre que no había sido redimido por el sacrificio de Jesús, ¿cuánto más se reunirá con nosotros?

Pasaje Bíblico: “Y hablaba el Señor con Moisés cara a cara, como quien habla con un amigo”. Éxodo 33:11

La historia de Moisés está marcada por encuentros poderosos con la presencia de Dios. Moisés fue un hombre ungido para cumplir el deseo de Dios de ver a sus hijos liberados del cautiverio y a salvo bajo su señorío. Desde su nacimiento, Moisés fue apartado divinamente para guiar al pueblo de Dios hacia una relación correcta con él, y este llamado se cumplió debido al deseo de Dios de encontrarse constantemente con Moisés y presentarse a través de su vida de manera milagrosa. Al observar la vida de Moisés, podemos destacar dos encuentros con Dios por ser especialmente transformadores y representativos de su deseo de reunirse con su pueblo. Al observar estos dos ejemplos, que la Biblia llene tu corazón con el deseo de encontrarte con tu Padre celestial tal como lo hizo Moisés.

En primer lugar, Éxodo 3:1-6 nos da una idea del primer encuentro real que Moisés tuvo con el Gran Yo Soy. La Biblia dice:

“Un día en que Moisés estaba cuidando el rebaño de Jetro, su suegro, que era sacerdote de Madián, llevó las ovejas hasta el otro extremo del desierto y llegó a Horeb, la montaña de Dios. Estando allí, el ángel del Señor se le apareció entre las llamas de una zarza ardiente. Moisés notó que la zarza estaba envuelta en llamas, pero que no se consumía, así que pensó: ‘¡Qué increíble! Voy a ver por qué no se consume la zarza’. Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: ‘¡Moisés, Moisés!’. ‘Aquí me tienes’ —respondió. ‘No te acerques más’ —le dijo Dios—. ‘Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa. Yo soy el Dios de tu padre. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob’. Al oír esto, Moisés se cubrió el rostro, pues tuvo miedo de mirar a Dios”.

En la historia de la zarza ardiente vemos la gracia de Dios y el favor divino en la vida de un hombre que no lo merece. Moisés había huido después de asesinar a un egipcio por agredir a un hombre hebreo. Durante años estuvo escondido en el desierto, viviendo fuera de cualquier impacto terrenal real. Pero Dios hizo que Moisés saliera del desierto y comenzara una vida de impacto profundo y eterno.

En segundo lugar, en Éxodo 33:7-11 vemos el deseo de Dios de encontrarse constantemente con Moisés en la Tienda de Reunión. La Biblia dice:

“Moisés tomó una tienda de campaña y la armó a cierta distancia fuera del campamento. La llamó «la Tienda de la reunión». Cuando alguien quería consultar al Señor, tenía que salir del campamento e ir a esa Tienda. Siempre que Moisés se dirigía a ella, todo el pueblo se quedaba de pie a la entrada de su carpa y seguía a Moisés con la mirada, hasta que este entraba en la Tienda de reunión. En cuanto Moisés entraba en ella, la columna de nube descendía y tapaba la entrada, mientras el Señor hablaba con Moisés. Cuando los israelitas veían que la columna de nube se detenía a la entrada de la Tienda de reunión, todos ellos se inclinaban a la entrada de su carpa y adoraban al Señor. Y hablaba el Señor con Moisés cara a cara, como quien habla con un amigo. Después de eso, Moisés regresaba al campamento; pero Josué, su joven asistente, nunca se apartaba de la Tienda de reunión”.

Qué increíble es el corazón de nuestro Dios que se encontraba con Moisés cara a cara, como quien habla con un amigo”. Si Dios se encontraba con Moisés, un hombre que no había sido redimido por el sacrificio de Jesús, ¿cuánto más se reunirá contigo y conmigo? Si Dios le mostró gracia a Moisés, ¡cuánto más lo hará con nosotros que ahora tenemos a Dios mismo viviendo en nosotros!

Tú y yo tenemos acceso a una relación mucho mayor que un encuentro cara a cara como el que tuvo Moisés. Tenemos el Espíritu de Dios dentro de nosotros en comunión con nuestro Espíritu. Nunca debemos dejar la zarza ardiente o la Tienda de Reunión. La verdadera relación restaurada encuentra su origen en encuentros continuos y sin final con la presencia de Dios que reside en nosotros y sobre nosotros.

Que hoy puedas buscar una porción mayor en tu relación con tu Padre celestial. Que tu espíritu cobre vida a medida que creces en tu conciencia del Espíritu de Dios. Que tengas encuentros poderosos y transformadores con la presencia de Dios como los Moisés experimentó.

Guía de Oración:

1. Medita en el deseo de Dios de encontrarse con Moisés. Permite que la Biblia te llene de deseos de encontrarte con Dios como lo hizo Moisés.

“Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: ‘¡Moisés, Moisés!’. ‘Aquí me tienes’, respondió. ‘No te acerques más’, le dijo Dios. ‘Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa. Yo soy el Dios de tu padre. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob’. Al oír esto, Moisés se cubrió el rostro, pues tuvo miedo de mirar a Dios”. Éxodo 3:4-6

En cuanto Moisés entraba en ella, la columna de nube descendía y tapaba la entrada, mientras el Señor hablaba con Moisés. Cuando los israelitas veían que la columna de nube se detenía a la entrada de la Tienda de reunión, todos ellos se inclinaban a la entrada de su carpa y adoraban al Señor. Y hablaba el Señor con Moisés cara a cara, como quien habla con un amigo. Después de eso, Moisés regresaba al campamento; pero Josué, su joven asistente, nunca se apartaba de la Tienda de reunión”. Éxodo 33:9-11

2. ¿Dónde puedes hacer tu tienda de reunión? ¿Dónde y cuándo puedes encontrarte consistentemente con la presencia de Dios y reunirte con tu Padre celestial cara a cara?

3. Tómate un tiempo para encontrarte con Dios como lo hizo Moisés. Abre tu corazón y pídele al Espíritu Santo que te revele su cercanía.

“Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes”. Juan 14:15-17

Tener un tiempo y un lugar constantes para encontrarnos con Dios nos permite desarrollar un ritmo a través del cual crecemos en experimentar la presencia de Dios. Tener nuestra propia tienda de reunión es vital para la espiritualidad cristiana. Elige un lugar y un momento que no se interrumpan y esto te ayudará a centrar tu vida en torno a ese encuentro con tu Padre celestial. No hay absolutamente nada más importante y urgente que ver el rostro de Dios y ser transformado por su amor y cercanía todos los días.

Lectura Complementaria: Hebreos 11

Por Craig Denison

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