El corazón secreto, silencioso y sangrante de una madre que trabaja

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Pretender que una mujer logre éxito en su carrera sin sacrificar hasta algún punto el cuidado personal de su hogar y sus niños pequeños, es una ilusión.

Luego de haber estado casada durante 19 años, debía regresar a trabajar fuera de la casa. Nos mudamos a Illinois para que Ray enseñara en un seminario. Creíamos que financieramente podríamos lograrlo en nuestro costoso suburbio de Chicago si vivíamos modestamente. Con el objetivo de reducir nuestros gastos, tomamos una casa más pequeña y limitamos nuestra familia de 6 miembros a usar un solo carro. Era sustituta en las escuelas del área, daba clases de tutoría y enseñaba lecciones de piano. Ray complementaba nuestros ingresos con charlas y escritos.

Pero luego de unos meses se hizo obvio que nuestras necesidades básicas como familia excedían nuestros ingresos. ¿Qué debíamos hacer? Odiábamos molestar a nuestros hijos quienes apenas se estaban adaptando a su nueva escuela y vecindario. La elección era clara: o debíamos mudarnos una vez más o yo debía traer a casa un cheque de pago regular. A través de oración, consejos y hasta algunas lágrimas, tomé una posición como profesora de segundo grado en una escuela pública.

Les cuento esto para que sepan que he estado de ambos lados - una madre que permanece en casa y una que sale a trabajar con 4 niños activos y necesitados.

Pretender que una mujer logre éxito en su carrera sin sacrificar hasta algún punto el cuidado personal de su hogar y sus niños pequeños, es una ilusión. No me sentía bien porque no estaba dando el 100% a ninguno de esos llamados y tanto mi hogar como mi carrera sufrieron hasta cierto punto.

Experimenté aquello por lo que agonizan muchas de ustedes madres que trabajan fuera del hogar: el secreto y silencioso corazón sangrante de una madre que trabaja, con toda su culpa y cansancio y lealtades divididas.

La pregunta no debe ser si una mujer debería trabajar fuera del hogar. Lidia era una vendedora de púrpura (Hechos 16:14). Aquila y Priscila hacían negocios juntos (Hechos 18:3). La Biblia ciertamente no dice que la mujer no puede trabajar fuera. Pero sí es clara respecto a que la mujer debe hacer de su hogar, una prioridad.

Si trabajas fuera del hogar, dale a tu trabajo todo lo que el deber requiera, trabajando "como para el Señor" (Efesios 6:5-8). Pero recuerda que solamente estás "haciendo tiendas" (ver Hechos 18:1-4). Tu primer y más grande ministerio está dirigido a aquellos que están bajo tu techo. Piensa en el claro mandato de Pablo a las mujeres mayores: "Enseñen a las jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos. . . a ser cuidadosas de sus casas" (Tito 2:3-5). Alguien en tu familia necesita considerar el hogar como una carrera.

La Biblia afirma claramente la importancia de la devoción doméstica. Proverbios 31 muestra a una mujer que usa sus habilidades y creatividad de día y de noche para construir un refugio con aquellos que ama y liberar a su esposo a cumplir el llamado de Dios para su vida, a pesar de que ella se embarca en negocios fuera del hogar.

Deja que tu matrimonio, hijos y hogar sean tu primer llamado. La gratificación del mercado nunca se compara con el gozo de levantar un hogar piadoso. Sí, habrá días en que te sentirás abrumada, sola, no valorada y no reconocida. Pero nadie podrá reemplazarte en "vigila la marcha de su casa", Proverbios 31:27.

Seamos bíblicas en cómo nos acercamos a los deberes del hogar. Prestemos atención a quienes más amamos. La formación y mantenimiento de un hogar estable y piadoso honra a Dios. Puede ser nuestra más grande contribución a la sociedad y una fuente profunda de satisfacción personal. Tu hogar tiene significado eterno.

¿En cuáles áreas te resulta más difícil rendirte a tu llamado como mujer? ¿Por qué? ¿Cómo puedes profundizar tu nivel de confianza en Dios con esta lucha? ¿Qué y quién recibe tus horas más productivas y las energías más frescas de tu día? ¿Cómo puedes ajustar tus compromisos de manera que tu familia reciba lo mejor que puedes dar?

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