El camino de todos

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La muerte pone fin a la vida terrenal, pero no necesariamente significa el fin de la existencia.

“Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo, diciendo: Yo sigo el camino de todos en la tierra”, 1 Reyes 2:1-2

David define la muerte como: “El camino de todos en la tierra”. Él no se consideró un acróbata que podía escapar de las garras temibles de la muerte haciendo piruetas. Cuando llegó el tiempo señalado por Dios, se postró humildemente y confesó a su hijo Salomón que él habría de seguir el camino establecido que todos hemos de transitar, esto es: la muerte. Ese es el común denominador que reduce a todos los humanos a un plano de igualdad, como bien sentenció Iriarte: “La muerte con pasos iguales, toca las chozas pajizas y los palacios reales”.

Martín Lutero nos advierte en uno de sus escritos que “La vida es un constante y cotidiano viaje hacia la muerte”. Es saludable tener muy presente que nuestro transcurrir sobre esta tierra no es eterno, que somos transeúntes y peregrinos; que la vida es breve, tan breve que en Job 8:9 se le compara a una sombra que pasa. David va más lejos y en el salmo 90:9 compara el carácter transitorio de la vida con la fugacidad de nuestros pensamientos, y Santiago 4:14 compara la corta edad de la vida con la “neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece”.

Dios nos ha dado pocos días sobre esta tierra y somos nosotras las que en nuestra mente ilusoria vivimos como si ellos fueran inacabables. La muerte es un camino sin retorno para todos los vivientes, desde Adán, el primer hombre, hasta el niño que acaba de nacer en estos precisos instantes. La cuna es el principio de la muerte; apenas nacemos, ya empezamos a morir. Dice Hebreos 9:27, “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.

Pero quiero regalarte una gran noticia en este día, que aunque la muerte pone fin a la vida terrenal, no necesariamente significa el fin de la existencia de nosotras. Cristo nos ha dado grandes promesas para que tengamos vida aún más allá de la muerte. Él dijo en Juan 11:25-26, “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”. Y en Juan 5:24 dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”. 

Si hoy confiesas con tu boca y crees en tu corazón estas grandes verdades bíblicas, la Palabra de Dios te asegura que la muerte ya no será una experiencia traumática y aterradora para ti, sino una experiencia de salvación, de gozo y de vida eterna en la presencia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Oración: Padre, permite que así sea para cada una de nuestras lectoras. Te las presento en el nombre de Jesús, amén.

Por Carmen García de Corniel

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