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El brillo del silencio

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A menudo, es difícil asumir los tiempos de silencio porque no sabemos qué hacer con él, incluso en la oración.

Muy de mañana, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó y se fue a un lugar apartado para orar. – Marcos 1:35

Anoche fui con un amigo a un servicio de adoración especial. Se realizó en forma de taller con lecturas de las Escrituras, seguidas de un tiempo de oración y un período de silencio.

Fue el período de silencio lo que me causó problemas. Supongo que el período de silencio (y oscuridad) debería ser usado para meditar en los pasajes de las Escrituras que acabábamos de leer.

Pero debo confesar que nunca he sabido realmente lo que significa meditar. Puedo pensar, soñar, planear, evocar, recordar y relacionarme, pero no sé si eso es meditación. Y tampoco sé qué hacer en silencio, y parece que otros tienen un problema similar: el silencio se hizo tan espeso, que era incómodo. Atisbé para ver qué estaban haciendo los demás con el silencio. Algunos bostezaban; otros estaban "estudiando" los vitrales y otros atisbaban como yo, lo que fue realmente embarazoso. Me sentí culpable porque, aparentemente, no estaba haciendo lo que debía.

Se me ocurre que el silencio a menudo es difícil de asumir porque no sabemos qué hacer con él. Vivimos constantemente con ruidos, ya sea en la calle, en la oficina o en la escuela. Cuando voy a casa, una de las primeras cosas que hago es encender el televisor. Parece que siempre estamos hablando con alguien o a alguien. ¿Te has dado cuenta de lo largo que parece, lo embarazoso y hasta espantoso que resulta cuando hay una pausa en una conversación? Los maestros y consejeros están ansiosos por intervenir con alguna declaración para cubrir ese espacio de silencio entre una pregunta o sugerencia y la respuesta anticipada. No es de extrañar que algunas personas no puedan dormir en la tranquilidad de la noche. Simplemente no nos sentimos cómodos con el silencio.

De alguna manera, es triste que vivamos en un mundo tan ruidoso, porque el silencio tiene sus recompensas. Por ejemplo, durante esos raros momentos en los que estoy en silencio y rodeado de silencio, puedo concentrar mi pensamiento en lo que estoy haciendo, libre de cualquier influencia perturbadora. Y tal vez, como es lógico, el silencio es importante si queremos escuchar a nuestro Señor, ya que a menudo Él habla en voz baja y en formas que requieren nuestra atención inquebrantable.

A veces parece que estoy tan ocupado orando, que no puedo o no escucho su respuesta. Pero cuando me tomo el tiempo, cuando hago una pausa y considero su palabra en las Escrituras, reflexionando en silencio sobre su verdad y significado para mí aquí y ahora, el silencio se vuelve dorado, iluminado con una mejor comprensión de Dios y de Su amor, especialmente de la manera que Él nos ama a través de su amado Hijo Jesucristo.

ORACIÓN: Padre celestial, enséñanos a estar en silencio ante el poder y la presencia de tu Palabra en nuestras vidas para poder escuchar tu voz. En el nombre de Jesús. Amén.

Por: Jon Suel

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