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El alma llena de vigor

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Podemos estar seguros de que nuestras oraciones son escuchadas y que el Espíritu Santo está obrando a través de la Palabra para aumentar el vigor de nuestra alma.

De rodillas, y en dirección a tu santo templo, alabaré tu nombre por tu misericordia y fidelidad, por la grandeza de tu nombre y porque tu palabra está por encima de todo. Cuando te llamé, me respondiste, y mi alma desfallecida se llenó de vigor. – Salmo 138:2-3

No hay nada que se compare a la alegría que sentimos cuando Dios contesta nuestra oración. En esos momentos sentimos como si todas las promesas de la Palabra de Dios se cumplieran en esa respuesta y no podemos menos que alabar su santo nombre y compartir las buenas nuevas, creciendo aún más en la convicción que tenemos de que Dios es fiel. Esto, a su vez, nos llena de tal manera el alma de vigor, ¡que podríamos mover montañas!

¿Pero qué pasa cuando no recibimos la respuesta deseada? ¿Qué pasa cuando la voluntad de Dios es diferente a nuestros planes? Ante la decepción y el dolor, el vigor de nuestra alma puede marchitarse. Pero entonces recordamos las palabras del Señor: “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni son sus caminos mis caminos” (Isaías 55:8). Podemos estar seguros de que nuestras oraciones son escuchadas y que el Espíritu Santo está obrando a través de la Palabra para aumentar el vigor de nuestra alma.

En las crisis aprendemos a apoyarnos en el amor y favor que nuestro Padre Celestial nos ha mostrado a través de su hijo Jesús, y oramos: "Cuando me encuentre angustiado, tú me infundirás nueva vida" (Salmo 138:7a). Si bien tenemos nuestras propias ideas y planes, podemos confiar en que la sabiduría y compasión de nuestro Padre son mucho más grandes que las nuestras. Su voluntad nos rodea como un muro de protección, por lo que podemos orar como lo hizo nuestro Señor en Getsemaní: "Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22: 42b).

Con fe y humilde confianza nos unimos al salmista para orar: “Tú, Señor, cumplirás en mí tus planes; tu misericordia, Señor, permanece para siempre. Yo soy creación tuya. ¡No me desampares!” (Salmo 138: 8). La respuesta a esa oración ya está confirmada en la Palabra de Dios: "No te desampararé, ni te abandonaré" (Hebreos 13:5b). Una vez más, la promesa fiel de Dios llena de vigor nuestra alma.

ORACIÓN: Padre celestial, guíanos a confiar en ti en el gozo como en la tristeza, cuando las oraciones se contestan como esperamos y cuando no. Por el poder de tu Espíritu, aumenta el vigor de nuestra alma para honor de tu santo Nombre. Amén.

Para reflexionar:

1. Si Dios no es tu primer recurso en una crisis, ¿qué puedes hacer para que lo sea?

2. Piensa en una vez en que Dios respondió tu oración como tú querías. ¿Cómo te sentiste?

Por: Dra. Carol Geisler

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