Ejercicio espiritual

Description

El ejercicio espiritual, el cual se realiza en el gimnasio de la fe, nos lleva a una transformación interna que también se manifiesta en el exterior.

“La piedad para todo aprovecha” – 1 Timoteo 4:8

No me gusta el ejercicio.

Sé lo importante que es para mi corazón y mis músculos. Sé lo necesario que es para que mi cuerpo funcione con efectividad. Sé cuán crucial es y, sin embargo,…

No me gusta salir de mi zona de comodidad. No me gusta pasarme de mis límites. No me gusta sentirme incómoda.

Mi batalla por estar bien físicamente sigue.

Pero me pregunto con qué frecuencia tú y yo consideramos nuestro estado espiritual.

“Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.” – 1 Timoteo 4:7-8

Pablo le dice a Timoteo que se ejercite en la piedad porque la piedad es valiosa para todas las áreas de la vida, sean físicas, emocionales, mentales o espirituales. La piedad nos fortalece no solo para esta vida, sino también para la eternidad.

Aunque hay muchas similitudes entre el ejercicio físico y el espiritual, el físico solo nos transforma por fuera. Pero el ejercicio espiritual nos lleva a una transformación interna y divina que brilla por fuera a través de nuestra forma de hablar, nuestra actitud y comportamiento.

Cada persona tiene el mismo número de músculos. Sin embargo, algunos se han ejercitado para desarrollar esos músculos. Romanos 12:3 nos dice que Dios nos ha dado a cada creyente una medida de fe. Como nuestros músculos, podemos ejercitar, desarrollar y aumentar nuestro don de fe dado por Dios. Incluso la fe más pequeña es mucha en las manos de Dios.

Imagina el gimnasio de Dios. El deseo de Dios es entrenarnos, fortalecernos y hacernos crecer y parecernos más a Jesús. Dios usa cada cosa en la vida, cada circunstancia y cada relación como su gimnasio para ponernos en forma.

Nuestro entrenador es el Espíritu Santo. Él nos conoce completamente – nuestras fortalezas, nuestras debilidades y nuestro potencial. Él sabe exactamente cuánto peso podemos soportar y llevar. Él sabe exactamente cuánto potencial tenemos. Él sabe exactamente cuánta fuerza necesitamos para enfrentar las pruebas ante nosotros. Él nos motiva cuando somos vagos. Nos anima cuando estamos cansados.

Nuestros planes de ejercicios incluyen entrenamiento de resistencia. Dios nos pone en circunstancias incómodas que nos alejan de nuestra zona de control para purgar nuestro orgullo, arrogancia y confianza en nosotras mismas.

Él también ofrece entrenamiento de fuerza, especialmente cuando nos pone pesos que nos hacen agrandar nuestra fe y buscarlo con confianza.

Dios nos pone en entrenamiento de aguante – animándonos a correr nuestra carrera individual a nuestro propio paso. Necesitamos aguante para seguir en pie y tener fe cuando los tiempos son duros.

Con diligencia, esfuerzo y consistencia, en Su tiempo, somos transformadas. Con ejercicio físico, nuestro deseo es vernos mejor. Con ejercicio espiritual, nuestro deseo es hacernos más como Él. Al seguir hacia delante, gradualmente dejamos más y más de nosotras atrás y ganamos más y más de Él.

La piedad no viene fácilmente. No siempre es cómodo. El camino no siempre lleva a la gratificación instantánea. Nos estrecha en áreas que nunca hemos esperado. Sin embargo, la recompensa por sacrificar todo por Jesús trae gozo eterno y supera con creces la felicidad de cualquier cosa que el mundo ofrece.

El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” – Isaías 40:29-31

El mayor privilegio de un creyente es presentar nuestros cuerpos y nuestras vidas a Dios para que los use. La clave para la victoria es simplemente rendir todo lo que somos y todo lo que no somos a Dios.

No me gusta el ejercicio, pero amo al Señor. Así que cada día escojo rendir todo lo que “no puedo” o “no quiero” a Él. A cambio, Él nos equipa con amor y misericordia, con ilimitado poder y fortaleza para permanecer en Su voluntad.

Nuestra batalla espiritual continúa.

¿En qué circunstancias está Dios ejercitando tu fe? ¿Qué cambios puedes hacer para incrementar tu rutina de ejercicios espirituales?

Por Terria Racy

 

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