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Dios y mi lecho de muerte

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La vida es muy corta como para ir por ella a la deriva y dejar hasta el último minuto la necesidad de tener una relación con Dios.

“La vida es corta, coma primero el postre”, decía el refrán. Quizás ha escuchado eso o algo parecido, como esta variación: “La vida es demasiado corta para . . .” (sigue un comportamiento frugal o un sacrificio que le anima a abandonar, con la idea de que debemos comer, beber y ser felices porque mañana moriremos).

En verdad, la vida es corta. El Salmo 39 reprende seriamente a los que van a la deriva por la vida, dejando para otro día la preocupación por su relación con Dios: “Diste a mis días término corto y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente, es apenas un soplo todo ser humano que vive. Ciertamente, como una sombra es el hombre; ciertamente, en vano se afana; amontona riquezas y no sabe quién las recogerá” (Salmo 39:5,6).

Eso significa que primero lo primero. Hoy es el día de salvación; este es el momento para el arrepentimiento del pecado y la fe en Cristo Jesús. “La noche está avanzada y se acerca el día”, escribió Pablo en Romanos 13:12. ¿Suena eso enfermizo? ¡De ninguna manera! De hecho, es liberador darse cuenta de que no somos más que administradores de los tesoros de Dios y servidores de Su pueblo. Libres del temor a la muerte por la muerte de Cristo, podemos gozar cada día sabiendo que al otro lado de la tumba nos espera una riqueza ilimitada.

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