Dios, tú y el dinero (Parte 2)

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Muchos aseguran que " el dinero corrompe". ¿Es eso cierto?

La idea de que “el dinero corrompe” es equivocada. Antes de que me tires piedras o tomates, déjame explicarlo. Si el dinero corrompiera, entonces todos los ricos fueran corruptos y todos los pobres fueran incorruptos.

Dios concedió a Salomón riquezas como añadidura a la sabiduría que le pidió. ¿Quería Dios corromper a Salomón? ¡No lo creo! Sin embargo, Él mismo escribe: “Aleja de mí la falsedad y la mentira;  no me des pobreza ni riquezas sino sólo el pan de cada día. Porque teniendo mucho, podría desconocerte y decir: ‘¿Y quién es el Señor?’ Y teniendo poco, podría llegar a robar y deshonrar así el nombre de mi Dios”,  (Proverbios  30:8-9).

El hombre más sabio del mundo, considerado también como uno de los más ricos de la historia, entendía el problema: El corazón del hombre y sus tendencias pecaminosas. Podemos usar el poco dinero que tenemos de forma corrupta, así como de la misma forma puede usarlo aquel que mucho tiene. Podemos “idolatrar” el único peso que tenemos, así como el millonario puede idolatrar sus muchas cuentas bancarias e inversiones.

¿Cómo quiere Dios que usemos nuestro dinero?

Apartando para Él lo que le corresponde. Dios es el dueño de todo. ¡Él no necesita dinero! Así lo declara el Salmo 24:1- “Del Señor es la Tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan”. Cuando ofrendamos, diezmamos o damos para Dios, no le estamos haciendo un favor, le estamos honrando. Ofrendar es un ejercicio de disciplina cristiana. 

Dado el sistema mundial en el que vivimos, los ministerios y congregaciones necesitan de recursos financieros para sostenerse al igual que los seres humanos e instituciones. Sin embargo, sobre todo eso, Dios promete proveer para las necesidades de Su pueblo y dar hasta que sobreabunde. Él abre las ventanas de los cielos y provee recursos de manera sobrenatural.

Con mesura y sin desperdicios. El Dominio Propio es uno de los principales elementos del carácter cristiano. Hagamos una diferencia entre nuestras necesidades reales, nuestros deseos y nuestras posibilidades financieras. Me dirás: “no tengo o gano tanto como para desperdiciarlo”, pues te diré que estás equivocada. El desperdicio no es solo tirar a la basura, es también pagar por algo a lo cual no le estamos dando uso… no importando cuán barato nos haya costado.

¿Qué cosas has comprado que no estás usando, o qué cosas en tu nevera se dañaron por no comerse? El tema “pica y se extiende”…

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