Dios nos disciplina en amor

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Nuestro orgullo y nuestra falta de revelación sobre el amor de Dios nos impide permitir que Dios nos corrija.

Pasaje Bíblico: “Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo”. Hebreos 12:5-6

Nuestro mundo desprecia la disciplina. Consideramos la corrección como un intento de evitar que hagamos lo que realmente queremos en lugar de verla como un acto de amor para guiarnos hacia una vida más abundante. Si queremos vivir la increíble vida que Dios desea darnos, necesitamos una renovación en el área de la disciplina. Debemos permitir que Dios nos corrija y nos forme como el alfarero moldea la arcilla para que podamos vivir la vida a la que hemos sido llamados.

Nuestro Padre celestial nunca disciplina por ira o frustración, sino solo por amor. Hebreos 12:7-14 dice:

“Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos. Después de todo, aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos. ¿No hemos de someternos, con mayor razón, al Padre de los espíritus, para que vivamos? En efecto, nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecía; pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad. Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella. Por tanto, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas. ‘Hagan sendas derechas para sus pies’ para que la pierna coja no se disloque, sino que se sane.  Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.

Dios anhela establecer un fundamento de disciplina en tu relación con él porque te ama. Es nuestro orgullo y nuestra falta de revelación lo que nos impide permitir que Dios nos corrija. Si realmente conociéramos la vida abundante que hay disponible para nosotros al otro lado de la disciplina, correríamos a las manos de nuestro Dios para que nos moldee en lugar de escondernos de ellas. Si tuviéramos revelación sobre los increíbles planes para los que Dios anhela equiparnos, anhelaríamos la corrección amorosa de nuestro Padre en lugar de ocultarle los lugares rotos de nuestros corazones.

Tu Padre celestial tiene mayores planes de los que podrías pedir o imaginar, si le permites moldearte y formarte a través de la disciplina. Él anhela corregir cada área de tu corazón que no está dando el fruto del Espíritu ni está produciendo una vida abundante. Él anhela disciplinarte por tu pecado para que puedas vivir en la libertad de la justicia.

Abre tu corazón a su disciplina amorosa hoy. Permítele que te moldee y te forme a la semejanza de Jesús. Pasa tiempo permitiendo que su amor te limpie y te libere de las ataduras del pecado. Que tengas un encuentro poderoso con la disciplina amorosa de tu Padre celestial al entrar en la oración guiada.

Guía de Oración:

1. Medita en el valor de ser disciplinado por tu amoroso Padre celestial. Permite que la Biblia cambie la forma en que ves la disciplina y la corrección.

“No corregir al hijo es no quererlo; amarlo es disciplinarlo”. Proverbios 13:24

“Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo”. Hebreos 12:5-6

“El hijo sabio atiende a la corrección de su padre, pero el insolente no hace caso a la reprensión”. Proverbios 13:1

2. ¿En qué áreas necesitas ser disciplinado hoy? ¿Qué parte de tu vida no se alinea con los planes de Dios para ti? ¿Dónde necesita Dios podarte para que puedas llevar más fruto del Espíritu?

“Dichoso aquel a quien tú, Señor, corriges; aquel a quien instruyes en tu ley, para que enfrente tranquilo los días de aflicción mientras al impío se le cava una fosa”. Salmo 94:12-13

3. Pasa un tiempo permitiendo que Dios te ame y te corrija. Pídele que te pode y te enseñe. Pídele que te guíe a un estilo de vida de mayor confesión, arrepentimiento, perdón y sanación.

A veces los mejores instrumentos de corrección son otros creyentes. Pregúntale al Señor si hay alguien a quien debas confesar tu pecado. Santiago 5:16 dice: “Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz”. Pide sabiduría a hombres y mujeres a tu alrededor que experimenten libertad y abundancia en un área en la que tienes necesidad. Que experimentes toda la vida abundante disponible para ti a través de la disciplina amorosa de tu Padre celestial y de los creyentes que él ha colocado cerca de ti.

Lectura Complementaria: Hebreos 12

Por Craig Denison

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