¡Dios no ve las cosas como tú!

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Dios no nos ve con ojos naturales, sino con los ojos de un Padre perfecto que ve más allá de nuestra naturaleza.

Como personas, muchas veces no vemos las cosas como son, sino a través de un filtro que muchas veces no se ajusta a la realidad. En los próximos días, vamos a analizar juntos cómo nos vemos a nosotros mismos, y cómo nos ve Dios, para así poder deshacernos de las mentiras del diablo y ser cada vez más libres en Dios. 

“No soy lo suficientemente bueno para Dios…”

“Dios está decepcionado conmigo…”

“No estoy a la altura…”

“Jamás podré merecer Su amor…”

¿Alguno de estos pensamientos te ha pasado alguna vez por la mente?

Si es así, permíteme ayudarte a desechar esas falsas creencias, ya que son mentiras del diablo. Te invito a que leas conmigo este extraordinario versículo, y a que lo leas pensando que es Dios mismo quien te lo está diciendo hoy a ti, querido(a) amigo(a):

“Pues las montañas podrán moverse y las colinas desaparecer, pero aun así mi fiel amor por ti permanecerá; mi pacto de bendición nunca será roto —dice el SEÑOR, que tiene misericordia de ti—” (Isaías 54:10).

Dios dirigió estas palabras a Jerusalén en el contexto original de este pasaje, ¡y hoy te las dirige a ti, querido(a) amigo(a)! La verdad contenida en estas líneas se puede aplicar totalmente a nuestras vidas: “mi fiel amor por ti permanecerá...” 

¿Has notado cómo se usa la palabra “nunca” en el pasaje? Cuando nosotros usamos la palabra “nunca", en ocasiones se transforma en un “a veces”, pero cuando Dios dice “nunca”, ¡quiere decir “nunca”! Él no es hombre para mentir ni para contradecir Su Palabra, como nos dice el profeta Balaam en Números 23:19.

Repasemos de nuevo cada una de las frases dañinas que mencioné al principio:

“No soy lo suficientemente bueno para Dios…”. Sin embargo, cuando pecas, Dios sigue amándote. Está claro que eso implica arrepentimiento, ya que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

“Dios está decepcionado conmigo…”.  No, Dios sabe todas las cosas, Él es quien te ha creado y aun desde el vientre de tu madre, Él sabía todo de ti (mira el Salmo 139:16). ¡Es imposible decepcionarle, aunque es verdad que podemos entristecerle!

“No estoy a la altura…”. Dios no se ha equivocado: Él te escogió desde antes de la fundación del mundo. Él sigue trabajando día a día en tu vida para que puedas cumplir Su plan, y hacer de ti un vencedor (mira Efesios 1:4-5).

“Jamás podré merecer Su amor…”. Es cierto, todo es pura gracia. No tienes ninguna necesidad de “merecer” ni “comprar” Su amor, al contrario: El amor de Dios es gratis, y Él te lo da (mira Efesios 2:4-5). Tu parte consiste en recibirlo, como se recibe un regalo.

Dios te ama más de lo que podría hacerlo el mejor de los padres: Él desea sobre todo tu felicidad, y Su amor por ti no cambiará nunca.

Dios te ama tanto que te recibe tal y como eres, ahí donde estás, y te abraza para transformarte a Su imagen y semejanza, y realizar así el proyecto que tiene para tu vida. ¡Créelo! 

Te deseo una día agradable en la Presencia de Dios.

Gracias por existir,
Éric Célérier

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