Dios es un padre paciente

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Encuentra paz y alegría en el hecho de que Dios está trabajando ahora y lo seguirá haciendo mientras se lo permitamos.

Pasaje Bíblico: “El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan” – 2 Pedro 3:9

1 Corintios 13:4 nos dice: “El amor es paciente”. La paciencia es una parte del amor que no parece divertida al principio. Parece como un acto de autocontrol y no de pasión, como si los dos no estuvieran perfectamente conectados. Y a menudo aparece como un signo de debilidad y no como un atributo de los valientes y poderosos que tan a menudo admiramos. Pero la Biblia nos enseña una visión diferente de la paciencia. 2 Pedro 3:8-9 dice: “Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan”.

Dios, en su deseo apasionado de restablecer la relación con todos sus hijos, tiene una paciencia perfecta con nosotros. Su pasión lo lleva a la paciencia. Y es en su deseo de vernos crecer en toda clase de santidad y devoción que él espera producir la restauración de todas las cosas con la venida del cielo nuevo y la tierra nueva. Abramos nuestros corazones hoy para ser más como nuestro Padre celestial y para permitirle que cree en nosotros un corazón digno de aquel que nos ha amado tan pacientemente.

Temo que gran parte de la novia de Cristo esté viviendo el día a día sobreviviendo hasta que Jesús regrese. Y temo que en nuestra complacencia no nos comprometemos con los propósitos por los cuales Cristo vino. La intención de Dios aquí es usarnos para brindar un conocimiento salvador a todos los que nos rodean. Su plan era la restauración de la relación, no solo esperar el momento mientras sufrimos por la falta de su realidad en nuestras vidas. 2 Pedro 3:14 dice: “Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos [el cielo nuevo y la tierra nueva], esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, y en paz con él”. Y Hebreos 12: 7-11 dice:

Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos. Después de todo, aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos. ¿No hemos de someternos, con mayor razón, al Padre de los espíritus, para que vivamos? En efecto, nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecía; pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad. Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella”.

Dios nos ama y es por eso que no desea que permanezcamos como éramos o como somos. Su plan es hacer tal trabajo en nosotros que vivamos en esta tierra como lo hizo Jesús. Pero él es completamente paciente para lograr esta obra. Él es completamente paciente con nuestra santificación.

Cuando comencé a participar en el proceso de santificación, me llené de frustración. Por primera vez comencé a ver toda la suciedad y la basura que cubrían este hermoso regalo de una nueva naturaleza que Dios me había dado. Sentí que nunca iba a poder superar todo el pecado que parecía enredarme con mi vieja naturaleza, y tenía razón. La Biblia nos enseña que es Dios, en su paciencia, quien produce santidad y devoción. En mi propia fuerza no tengo la capacidad de cambiar mi corazón. Mi única tarea es comprometerme con él y permitirle trabajar en y a través de mí.

Filipenses 2:13 dice: “Pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad”. La versión NTV lo dice de esta manera: “Pues Dios trabaja en ustedes y les da el deseo y el poder para que hagan lo que a él le agrada”. El deseo de Dios no es que nos comprometamos en obras que tienen un aspecto de moralidad pero que no fluyen del verdadero deseo de nuestros corazones. Su anhelo es formar y moldear nuestros corazones por medio de su amor en un reflejo perfecto de su corazón para que podamos vivir vidas verdaderas de santidad a partir del desbordamiento de lo que él ha hecho en nosotros. Solo él puede lograr tal obra. Solo él puede llenarnos con la habilidad de amar de verdad. Y como 2 Pedro 3:9 nos dice, él tiene la paciencia para hacerlo.

Pasa tiempo en oración descubriendo el corazón paciente de tu Padre celestial. Pasa tiempo permitiendo que su amor te lleve al proceso de santificación, y permite que el Espíritu Santo realice una obra poderosa en ti hoy, logrando la santidad y la piedad donde parecía que solo el pecado y la mundanalidad podían vivir.

Lectura Complementaria: Romanos 6

Por Craig Denison

 

 

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