¡Detesto como soy!

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¿Alguna vez has dicho: "es que a veces no quiero ser así, detesto como soy"? Aquí te presentamos la perspectiva bíblica del carácter.

Veo a mi amiga que viene cabizbaja y con sus ojos enrojecidos. No era para menos, es que justamente había tenido una escena no muy agradable. Había sido menospreciada en un grupo donde cuestionaron su personalidad por ser muy extrovertida y por ser una persona de palabras muy directas. Viene a mi diciendo: “¡Es que a veces no quiero ser así, detesto como soy!".

Quizás hayas experimentado escenas como ésta, en que los gestos o comentarios de las demás personas han producido que llegues a odiar alguna vez lo que realmente eres.

¿Qué es el carácter? Es el conjunto de cualidades que nos identifican como persona y que se reflejan por medio de nuestra personalidad (esta última siendo el conjunto del temperamento y del carácter). Nuestro carácter se va formando por los años influenciado por diversos factores, tanto internos como externos, controlables o no.

Un grupo bien colorido en cuanto a caracteres fueron los 12 discípulos, a quienes Jesús eligió para que le siguieran y hacer grandes cosas por medio de sus vidas. Allí tenemos desde una persona muy extrovertida y explosiva como Pedro; a un inseguro como Tomás; o a los primos de Jesús, Juan y Jacobo, quienes eran hermanos a los cuales el mismo Jesús los llamó “hijos del trueno” por su ambición y enérgico temperamento. Si se les hubiese realizado un examen antes de ocupar estos puestos, se habría determinado que, más que un maestro, necesitaban un psicólogo experimentado en conducta. Pero realmente solo era necesaria y satisfactoria la constante enseñanza y prácticas palabras de Jesús en sus vidas.

Desde el día que fueron elegidos por Cristo para iniciar el ministerio, Él aplicó un plan de transformación en sus vidas que se vería reflejado en su carácter. Al Jesús ascender a los cielos, entonces se va develando el trabajo realizado por el Espíritu Santo en sus corazones. Vemos a un Juan que al inicio era ambicioso, temperamental y poco compasivo, escribir una de las cartas más dulces acerca del amor (1 Juan); a un Pedro muy compulsivo, después lo vimos predicando a multitudes y siendo líder de las iglesias. Dios no quiere cambiar nuestro carácter a un patrón de conducta rígido, sino moldear esa personalidad con obras de justicias y desechar todo aquello que no le agrade a Él.

Dios ha preparado ministerios a ocupar que necesitan características muy específicas, por ejemplo: hay labores donde se necesita una persona bien motivadora y alegre para incentivar al grupo a trabajar; a veces se necesita a una más conservadora ya que hay información muy delicada a tratar; en otras ocasiones se necesita a una persona muy compasiva para trabajar con los necesitados… simplemente todo es útil y valioso en las manos del Señor.

Jesús no rechazó a Sus discípulos por sus temperamentos o personalidades, más bien quería usar ese mismo carácter para el Reino. ¿Tu carácter está adornado por el Fruto del Espíritu o por las obras de la carne?

“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

Por Rosanna Ramírez de Rosario

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