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Despreciando la Palabra

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El testimonio que nosotros exhibimos puede llegar a ser el concepto que el mundo tendrá de Dios y Su Palabra.

“El que guarda el mandamiento guarda su alma; Mas el que menosprecia sus caminos morirá”, Proverbios 19:16

Dios dijo respecto del llamado de David en Hechos 13:22 He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero”. No ha de sorprendernos entonces que la obediencia debía haber sido el deleite y la prioridad del reinado y vida de David.

David había vivido y sufrido en carne propia los resultados de la desobediencia y arrogancia de Saúl, cosa que en contraparte lo ponía en una posición favorable para saber cómo tener éxito con Dios. Pero tristemente en 2 Samuel 11:27 David defraudó a Dios e hirió su corazón, menospreciando Su Palabra (2 Samuel 12:9-10) y desestimando Su consejo (Deuteronomio 17:17).

Como rey de Israel y siervo escogido de Dios, David gozaba de fama y reconocimiento mundial entre las naciones paganas a las cuales Dios estaba dando una lección de poder, cuidado, protección y seguridad a través de su vida. Con su adulterio y desobediencia a la Palabra, David hizo blasfemar a los enemigos de Jehová (2 Samuel 12:14). “Esto es, ridiculizó y rebajó el nombre de Dios haciendo que las naciones le perdieran el respeto y atención”, (Beth Moore).

Amadas, así mismo sucede cuando nosotras damos mal testimonio. Nosotras que somos carta abierta leída por todos, somos oprobio y vergüenza del evangelio de Cristo cuando nos comportamos deshonrosamente y cerramos las puertas para que otras no quieran escuchar el evangelio de salvación. 

Recordemos que el concepto que el mundo tiene de ese Dios que no puede ver, es el testimonio que tú y yo como Sus hijas exhibimos.

Oración: Perdónanos, oh Señor, por las veces que hemos rebajado tu Palabra desobedeciéndola. Perdónanos por dar un mal testimonio ante el mundo con nuestras acciones. Ayúdanos a adornar con todo en nuestra vida la doctrina de Cristo (Tito 2:10). En el nombre de Jesús te lo pedimos, amén. 

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