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Descanso

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Ni siquiera las mejores vacaciones del mundo pueden darnos el descanso que nos ofrece Dios.

Me volví a encontrar con este pasaje y se quedó dando vueltas en mi mente todo el día.

“Y él [Dios] dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso”, Éxodo 33:14, RV 1960.

Es parte de una conversación entre Moisés y Dios. ¡Qué maravilloso debe haber sido escuchar esas palabras en vivo! Sin embargo, están registradas en la Biblia para que tú y yo las recordemos hoy, muchos siglos después.

Fue una promesa de Dios a Moisés quien estaba un poco atribulado por la responsabilidad que tenía por delante, dudaba de si podría hacerlo o no. Moisés sentía temor y lo único que lo calmaría, tal y como lo dice en esta conversación, sería la garantía de la presencia de Dios junto a él. Y Dios se lo promete.

Pero no solo le promete Su presencia, Su compañía, sino que conforme a Su naturaleza de bondad, que siempre da más de lo que pedimos o entendemos, le añade una frase que fue la que me dejó pensando a mí: te daré descanso. 

¿Acaso no es eso lo que muchas veces anhelamos tú y yo? Descanso. Descanso no solo físico. Descanso de las preocupaciones, descanso de los temores, descanso de las dudas, descanso de las decepciones, descanso de los fracasos, descanso de la enfermedad, descanso, descanso…

Dios le prometió a Moisés algo que también nos promete hoy a ti y a mí. Jesús lo dijo: “Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso”.

Moisés acudió a Dios en busca de seguridad y la recibió, junto con la promesa del descanso. Ya no tendría que batallar más con la idea de que el pueblo de Israel era su responsabilidad. Dios le estaba diciendo: Yo voy a estar presente. Descansa tú.

Jesús nos dice: Ven a mí, ven a mí para que encuentres el descanso que tanto necesitas. ¿Sabes cuál es nuestro problema muchas veces? ¡No vamos a Jesús! Y si vamos, vamos a contarle el problema pero no  lo dejamos a sus pies. Lo recogemos nuevamente y seguimos la marcha… agobiadas, cargadas, cansadas.

Quizá hoy te sientes muy cansada. Y a lo mejor no es tanto el cansancio físico sino el emocional. ¡Ven a Jesús! ¡Vamos juntas! Él tiene el descanso que necesitamos y que nadie ni nada nos puede dar, porque ¿sabes?, el descanso que Jesús ofrece sana, restaura, renueva, da vida.

El descanso de Jesús es un oasis, porque él es el agua de vida eterna. El descanso de Jesús produce paz porque él es la paz. El descanso de Jesús es alimento que sacia porque él es el pan de vida. El descanso que Jesús nos da quita el temor porque él es quien sujeta incluso al viento y al mar embravecido. El descanso que Jesús tiene para ti y para mí borra la duda porque él es la verdad. Su descanso nos da un rumbo certero porque él es el camino.

Mi querida lectora, ni siquiera las mejores vacaciones nos pueden dar ese descanso, porque las vacaciones terminan pero la vida continúa. Necesitamos hoy ir a los pies de Jesús para encontrar el verdadero descanso que solo está disponible en su presencia. Moisés lo escuchó de Dios y hoy nos lo recuerda a ti y a mí con las palabras de Jesús.  

Una vida de descanso en su presencia, ¡eso fue lo que Dios diseñó!

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