Del error al horror

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La combinación entre la curiosidad, la adrenalina y la falta de razón son una fórmula muy peligrosa que debes evitar.

“Así como las moscas muertas apestan todo un frasco de perfume, una pizca de necedad arruina gran sabiduría y honor” – Eclesiastés 10:1 (NTV)

¿Recuerdas la noticia que causó un terrible impacto en Brasil y el mundo, en el que 233 jóvenes murieron asfixiados en una discoteca?

Se había organizado una fiesta universitaria en la discoteca Kiss, bajo el nombre de “Aglomeración”, y ciertamente se encontraban muchos chicos y chicas apretujados bailando al ritmo que tocaba la banda. Sonido estridente, risas alocadas, silbidos, gritos, bebidas alcohólicas, euforia, agitación, adrenalina y un sin número de cuestiones que hacía al ambiente de aquel lugar “placentero”.

En medio de la emoción, uno que estaba en la tarima tuvo la brillante idea de añadir a su show fuegos artificiales que -seguramente sintió él- añadirían más impacto a la noche, para hacerla inolvidable. Lo que nunca llegó a pensar, fue en las consecuencias de esa sencilla acción que causó una humareda extremadamente tóxica, la cual invadió el local y que a su vez desató pánico en la gente que se descontroló en gritos y empujones huyendo del peligro, lo que terminó en la muerte de 233 personas sin contar los heridos.

Una simple locura del momento, terminó en tragedia.

¿Qué le pasó al tipo que encendió las bengalas? Su cerebro estaba dominado por la euforia bloqueando su capacidad de razón.

Traigo a memoria este suceso para ilustrar qué es lo que sucede cuando nos dejamos dominar por la fascinante emoción de algunas propuestas peligrosas.

Es que estando rodeada de personas y cosas que teniendo la pinta de ser excitantes, puedes perder la coordinación de los pensamientos coherentes y, arrastrada por la persuasión de la mayoría, quedar atrapada en lazos de red.

Date cuenta que estamos rodeadas de fantasía; el diablo es sutil en hacer propuestas que suelen parecer alucinantes y hasta buenas ideas: “Oye vamos, hagamos, descubramos, investiguemos, planifiquemos esto o aquello. ¿Qué te parece? Sólo un momento, nadie se dará cuenta. ¿Qué puedes perder?, ¡no seas cobarde!”

Es desgarrador  saber que cientos de jovencitas cristianas están muriendo en este momento, porque están acompañando pequeñas acciones con curiosidad, adrenalina y falta de razón, esto las está conduciendo directamente al abismo infernal.

Tú no puedes ceder a la presión, no puedes ser esclava de la tentación, no puedes hacer eso, porque si lo haces, serás presa del acusador, serás víctima de las garras de satanás, habrás traicionado tu integridad como hija de Dios y habrás contristado al Espíritu Santo. ¿Puedes ver las consecuencias? ¡Son espiritualmente catastróficas!

Un pequeño error que te puede costar la vida espiritual, un insignificante desliz puede hacerte apartar de la voluntad del Padre. Por eso: Sé cuidadosa de las cosas pequeñas, no suelen ser los grandes pecados que nos llevan al precipicio, todo comienza por un pequeño tropezón.

Toma  nota de lo siguiente: 

- Identifica el objetivo de las propuestas que te hacen tus amigos. ¿Son iniciativas sanas, o te conducirán a sitios pantanosos?

- Aléjate de las aglomeraciones que te incitan al desenfreno. Con frecuencia las personas dominadas por la euforia arrastran a muchas más, precipitándose al descontrol.

- Rodéate de otras chicas cristianas, conserva lazos fuertes de hermandad en tu sitio y, sobretodo, abraza la palabra de Dios con fuerza y determinación.

Recuerda que ante Dios eres un grato perfume, no permitas que una insignificante mosca muerta arruine tu fragancia.

Preguntas de reflexión:

1. ¿Ya tienes un plan de vida en mente? Tómate tu tiempo para hacer un plan de vida y camina sobre él, con la ayuda de Dios.

2. ¿Te caracterizas por ser gritona? ¿Cómo puedes desafiarte a ti misma para hablar con serenidad?

3. ¿Cuál es el remedio para los pequeños y grandes errores?

4. Presta especial atención en lo que dices y cómo lo dices. ¿Cómo puedes manifestar tu enojo sin caer en el pleito y el rencor?

5. Si te piden que hagas algo, ¿lo haces en el instante o esperas a que te lo repitan varias veces?

Por Angélica Jiménez

 

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