Declarando la gloria de Dios

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Proclamar la gloria de Dios al mundo siempre comienza echando un vistazo a nuestros propios corazones.

Pasaje Bíblico: “En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” – 1 Corintios 10:31

Declarar la gloria de Dios es poner todas las cosas en su lugar apropiado. El caos y la lucha son siempre el resultado de una humanidad de la que formamos parte y que trata de ganar gloria para nosotros mismos. Solo Dios es digno. Solo Dios está sobre todo lo demás y solo él puede manejar el peso de recibir la gloria.

1 Corintios 10:31 dice: “En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios”. Fuimos hechos para declarar la gloria de Dios y para proclamar a través de palabras y hechos la majestad, el esplendor y la dignidad del Dios del cielo y de la tierra.

Proclamar la gloria de Dios al mundo siempre comienza echando un vistazo a nuestros propios corazones. No podemos declarar que Dios está por encima de cualquier otro nombre si todavía estamos en el trono de nuestros corazones. No podemos proclamar sus excelencias y luego tratar de obtener el éxito, la aprobación y la afirmación de los demás. Declarar la gloria de Dios comienza con nuestra propia humildad y con vivir una vida de sacrificio para quien ha dado todo por nosotros.

Cuando nos apartamos del trono de nuestros corazones, nos liberamos para magnificar a Jesús. Cuando nos fijamos en nuestro Rey Salvador, nos liberamos de los pesos y presiones que provienen de vivir egoístamente. Y en esta libertad encontramos la vida a la que siempre fuimos destinados: una vida de adoración continua, increíblemente satisfactoria.

En Apocalipsis 19: 6-8 vemos una hermosa imagen del cielo en la cena de bodas del Cordero. En esta fiesta una gran multitud clama diciendo:

“¡Aleluya! Ya ha comenzado a reinar el Señor, nuestro Dios Todopoderoso. ¡Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria! Ya ha llegado el día de las bodas del Cordero. Su novia se ha preparado, y se le ha concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente”.

Un día toda la creación verá a Jesús entendiendo quién realmente es y le dará la gloria que le corresponde. Un día todo se arreglará y descubriremos la vida abundante que proviene de vivir solo para la gloria de Dios. Pero tienes la oportunidad de darle gloria a Dios hoy y de guiar a otros a hacer lo mismo. Tienes la oportunidad de vivir con tus ojos puestos en el cielo y experimentar la vida abundante que ya está disponible para ti. Elige hoy colocar a Dios en el trono de tu corazón y vive un estilo de vida de adoración a tu digno Rey. Que tu tiempo de oración guiada se llene con una revelación de la dignidad de Jesús y un poder para declarar su gloria en todo lo que hagas.

Guía de Oración:

1. Medita en la gloria de Dios. Permite que la Biblia te llene con el deseo de colocar a Dios en el trono de tu corazón y vivir para su gloria.

“Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” – Filipenses 2:9-11

“Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén” – Romanos 11:36

2. ¿Está hoy Jesús entronizado en cada parte de tu corazón? ¿Hay áreas en tu vida en las que estás viviendo para tu propia gloria y para construir tu propio reino? Tómate el tiempo para confesar en detalle esas áreas y recibir el perdón y la gracia de Dios.

3. Pregúntale a Dios cómo puedes declarar su gloria en la tierra hoy. ¿Cómo puedes vivir para ver a Jesús levantado y visto por quien realmente es? ¿Cómo puedes llevar a otros a un estilo de vida de adoración?

Dios no quiere que la gloria satisfaga alguna necesidad egoísta. Él sabe que solo él puede manejar un trono. Solo él puede manejar la adoración y cuando él es magnificado, eso es absolutamente lo mejor para toda la creación. Es por esta razón que Salomón escribe en el Salmo 72:19: “Bendito sea por siempre su glorioso nombre; ¡que toda la tierra se llene de su gloria!”. Que la oración de Salomón sea nuestra oración hoy al buscar glorificar a Dios en todo lo que hacemos.

Lectura Complementaria: Salmo 8

Por Craig Denison

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