¡Debemos ser tolerantes!

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La Iglesia debe mostrar al mundo la más grande característica del cuerpo de Cristo: la unidad.

“Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”, Juan17:21

Para que todos sean uno…” Al creer en Cristo como Salvador, venimos a formar parte de Su cuerpo, La Iglesia, la cual debe mostrar al mundo la más grande característica: la unidad. En un mundo lleno de división, guerras y conflictos, La Iglesia se presenta como algo diferente que camina contra la corriente. Esta unidad no podrá nunca mostrarse ni mantenerse erguida si no somos tolerantes los unos con los otros (Romanos15:1, Colosenses 3:13).

La tolerancia nos indica que debemos soportar todas nuestras diferencias, no con asperidad, sino con amor, con disposición al perdón. Esto no es una consideración, es un mandato (Romanos 15:1). En la tolerancia hay amor, comprensión, pero también nos permite ver la manera en cómo los demás ven e interpretan las cosas, los valores, etc. De esta forma, podemos ayudar en vez de juzgar indolentemente.

Muchas de nuestras hermanas (y nosotras incluidas) han vivido vidas difíciles, han enfrentado grandes traumas, necesidades, abusos o crianzas muy estrictas antes de venir a Cristo, y esto ejerce una influencia dañina en la actualidad de sus vidas e impide muchas veces que crezcan con salud espiritual. Las que son fuertes tienen el deber de entenderlo, de no desesperarse y, con el corazón lleno del amor y paciencia del Espíritu, ayudarles a crecer.

En este mundo intolerante, La Iglesia tiene el deber de levantarse como un lugar de tolerancia, comprensión y de ayuda. Debemos estar unidas como consecuencia de estar cada una unida a Cristo; así daremos testimonio al mundo.

Que la tolerancia entre nosotras nos permita amarnos a pesar de nuestras diferencias y que éstas no sean causa de distanciamiento.

Oración: Amado Dios y Padre, tu siempre has mostrado un amor tolerante a favor nuestro. Has tenido paciencia con nuestros defectos y pecados. Llena nuestras vidas de ese amor para podernos mantener y vivir unidas. En Cristo Jesús te lo pedimos, amén.

Por Rosa Glennys Rodríguez

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