¿De quién dependes?

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Nuestros actos demuestran si nuestras vidas dependen de Dios, de otros o de nosotros mismos.

“Por eso Jesús añadió: Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, sabrán ustedes que yo soy, y que no hago nada por mi propia cuenta, sino que hablo conforme a lo que el Padre me ha enseñado.” – Juan 8:28 NVI

“Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. 38 Pero, si las hago, aunque no me crean a mí, crean a mis obras, para que sepan y entiendan que el Padre está en mí, y que yo estoy en el Padre.” – Juan 10:37-38 NVI

“Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me ordenó qué decir y cómo decirlo. 50 Y sé muy bien que su mandato es vida eterna. Así que todo lo que digo es lo que el Padre me ha ordenado decir.” – Juan 12:49-50 NVI

“Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: 23 yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.” – Juan 17:22-23 NVI

“Pero el que se une al Señor se hace uno con él en espíritu.” – 1 Corintios 6:17 NVI

“Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida.” – Hebreos 10:39 NVI

Después de escuchar el devocional, medita en los siguientes puntos:

Esta mañana me levanté pensando...

...en que la dependencia, así como cualquier otra actitud, se hace evidente en nuestros actos.

1. Cuando aprendemos a depender solo de Dios nuestras relaciones mejoran. Con un equilibrio maduro y estable llevamos a la gente a que aprenda a depender solo del Señor.

2. Nos vemos afectados emocionalmente cuando tenemos una dependencia equivocada. El Espíritu Santo nos enseña a depender solo de él y no de las personas. Necesitemos liderazgos que dependan de Dios y se convierta en una generación imparable.

3. Lo mejor que nos puede suceder es relacionarnos con una persona que dependa de Dios y no de nosotros. El éxito de Jesús en su vida ministerial dependía de una sola cosa: su dependencia absoluta del Padre y la confianza de saber que Dios estaba con él.

4. Jesús manifiesta claramente que sus palabras y acciones eran producto de una relación dependiente de Dios. Depender del Padre nos convierte en personas imparables aun frente a los imposibles.

5. Dios nos diseñó de tal manera que podemos llevar una vida en unidad con su espíritu. Podemos caminar siendo uno con él, teniendo sus pensamientos, siendo trasformados a su imagen y viviendo en una comunión intensa. Depender de Dios totalmente es la clave para llevar una vida espiritual sana.

 


 

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