¿Dónde está mi espejo?

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En nuestro día a día descuidamos lo más importante, vernos en el espejo de la Palabra de Dios, donde realmente podemos apreciarnos tal cual somos.

Un día de trabajo en campo iniciaba a las 5:40 a.m. me encontraba a bordo de una embarcación, y fue inevitable quedarme dormida, al menos por unos minutos. Cuando abrí mis ojos y me encontré claramente frente a mis compañeros de viaje, busqué con insistencia mi espejo, el cual debe permanecer “SIEMPRE” en mi estuche de cosméticos, me preocupaba lo que estarían observando los demás en mi rostro. Y pasa… ¡Ay! ¡Olvidé mi espejo! Entonces busqué mi celular e intenté apreciar mi rostro, la verdad me interesaba saber cómo lucía sin maquillaje esa mañana.

Este suceso trajo a mi mente una porción de la Palabra en Santiago 1:23-24… y me preguntaba: ‘¿Al abrir mis ojos en la mañana, me preocupa saber cómo luzco a la luz de las Escrituras?’ Esto confrontó mi corazón. Y  meditaba, que en nuestro día a día  prestamos más atención a aquello que a luz de la eternidad no cobra importancia y descuidamos lo más importante, vernos en el espejo de la Palabra de Dios, donde realmente podemos apreciarnos tal cual somos.

Santiago 1:23-24 dice: El que solamente oye el mensaje, y no lo practica, es como el hombre que se mira la cara en un espejo: se ve así mismo, pero en cuanto da la vuelta se olvida de cómo es. ¿Cuál es nuestra reacción cuando nos miramos en el espejo de la Palabra de Dios? ¿Nos alejamos y se nos olvida como somos realmente?

Santiago 1:25 dice: Pero el que no olvida lo que oye, sino que se fija atentamente en la ley perfecta de la libertad, y permanece firme cumpliendo lo que ella manda, será feliz en lo que hace. ¿Meditamos en todo tiempo en la Palabra de Dios y pedimos gracia a Dios para practicar lo que aprendemos? ¿Somos intencionales en practicar lo que Dios habla a nuestro corazón, aunque nos cueste?

Mi oración es que más que asegurarnos de contar con un pequeño espejo en nuestros bolsos para chequearnos cuando consideremos no lucir bien, nos preocupemos por mantener la Biblia siempre a la mano (afortunadamente podemos encontrar Biblias de todos los tamaños), y así poder revisarnos a la luz de la verdad, confrontarnos, ser exhortadas y percatarnos de qué tan alejadas o cercanas estamos de la imagen de Jesucristo (Romanos 8:29), y pedir ayuda al Espíritu Santo para vivir como a agrada a nuestro Padre.

No basta con leer la Palabra de Dios, no basta escuchar predicaciones, no basta con leer muchos libros bíblicos; hay que poner las verdades en práctica, pues de lo contrario estaríamos engañándonos a nosotras mismas. (Leer Santiago 1:22)

¡Dios nos llene de Su gracia para poder perseverar en Su verdad!

Por Yuliana Fragozo 

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