Curando heridas de ayer y perdonando cicatrices de hoy

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Hasta que no permitamos que Dios entre en los eventos dañinos de nuestro pasado, nunca experimentaremos la verdadera libertad y la restauración de ellos.

Pasaje Bíblico:Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados”. 1 Pedro 2:24

Todos nosotros hemos experimentado la prueba y el dolor; todos nosotros estamos en esta vida con heridas y marcas. Aprendemos a lidiar con nuestras heridas y seguimos adelante, pero ya sea que lo reconozcamos o no, las heridas y cicatrices nos cambian. No hay padres perfectos, no hay amigos perfectos, no hay hermanos o cónyuges perfectos. Vivimos en un mundo imperfecto con humanos imperfectos. Arremetemos y lastimamos a los demás porque estamos quebrantados y necesitamos sanación.

Uno de los ejercicios espirituales más importantes que podemos realizar es permitirle a Dios curar nuestras heridas pasadas y guiarnos a un estilo de vida en el que perdonamos las cicatrices presentes. Sin sanidad ni perdón, los errores de otras personas afectarán nuestro futuro. Sin el trabajo interno del Espíritu Santo, viviremos en continuo sufrimiento por los pecados de los demás.

Nuestro Dios es un Dios de curación. El Salmo 147:3 dice: “Restaura a los de corazón quebrantado y cubre con vendas sus heridas”. El Salmo 103:2-4 declara: “Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias; él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión”.1 Pedro 2:24 dice: Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados”. Tu Padre celestial anhela hablar a los lugares heridos de tu vida y sanarlos con su amor.

¿Qué experiencia pasada, prueba, palabra hiriente o persona sigue afectando tu vida hoy en día? ¿Dónde necesitas que el Espíritu Santo venga y hable sanidad sobre ti? ¿En qué área necesitas clamar a Dios con ira o con frustración por una herida? Abrir los lugares heridos de nuestros corazones es un proceso emocional y difícil, pero hasta que no permitamos que Dios entre en los eventos dañinos de nuestro pasado, nunca experimentaremos la verdadera libertad y la restauración de ellos. Hasta que no nos permitamos espacio para lidiar con lo que para algunos han sido momentos dañinos y definitorios, nunca experimentaremos la totalidad de la vida abundante que tenemos a nuestra disposición.

Y a medida que el Señor comienza a curar nuestras heridas, debemos permitirle que nos guíe a un estilo de vida de perdón para nuestras cicatrices actuales. Debemos perdonar a las personas que nos lastiman para que las cicatrices en nuestras vidas se conviertan en símbolos del amor redentor de Dios en lugar de recordatorios de eventos dolorosos. Santiago 2:13 dice: ¡La compasión triunfa en el juicio!”. Muestra misericordia a aquellos que no lo merecen, así como tu Padre celestial te ha mostrado misericordia. Ama a tus enemigos como lo hizo Jesús para que puedas experimentar el triunfo en lugar del dolor, la libertad en lugar de la esclavitud a la negatividad y la alegría en lugar de la ira. Que tu Padre celestial pueda amarte, abrazarte y cuidar los lugares de tu corazón que más necesitan su toque sanador.

Guía de Oración:

1. Medita en el deseo de Dios de sanar tus heridas. Permite que la Biblia hoy te llene de valentía para abrir tu corazón al Espíritu, y deja que él te dé sanidad.

“Restaura a los de corazón quebrantado y cubre con vendas sus heridas”. Salmo 147:3

“Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados”. Isaías 53:5

“Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso”. Mateo 11:28

2. Pídele al Espíritu Santo que te muestre lo que quiere sanar hoy. ¿Qué herida está afectando tu vida? ¿Dónde necesitas que Dios hable su verdad y amor sobre ti?

3. Abre tu corazón al Señor y pídele que hable verdad y amor a tu herida. Pídele al Espíritu Santo que cure tus heridas de la forma que desee. Confía y sigue su guía.

“Porque el Señor tu Dios está en medio de ti como guerrero victorioso. Se deleitará en ti con gozo, te renovará con su amor, se alegrará por ti con cantos”. Sofonías 3:17

“Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias; él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión”.
Salmo 103:2-4

Recibir curación por las heridas y tener el valor de perdonar las cicatrices presentes es un proceso constante. Siempre habrá más para que el Señor sane, siempre habrá nuevas heridas a las que el Señor quiere hablar. Si permites que el Señor fielmente ame y cure tus heridas, experimentarás una vida abundante más profunda de lo que creías posible. Que seas lleno de un nuevo coraje y una nueva libertad en respuesta al abrumador amor y poder de tu Padre celestial.

Lectura Complementaria: Salmo 147

Por Craig Denison

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