Cuidado con los apedreadores profesionales

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El mismo mal que transmitían los fariseos sigue causando daño ahora en el cristianismo. Aun así la solución es la misma…

Era muy temprano en la mañana. Él regresó al templo y pronto se juntó una multitud. Jesús se sentó para enseñarles.

En medio de Sus palabras un tumulto les quitó la atención. Desde otro extremo del templo aparecían fariseos enfurecidos, gritando y pidiendo justicia. En medio de ellos uno traía a los empujones a una mujer que, vapuleada, era puesta en medio de todos. Deseaban apedrearla…

La habían encontrado ese día en el mismísimo acto de engañar a su esposo. Esto era terrible. Lo que a ese esposo le sucedía le podía pasar a ellos también. Y en medio de su furia buscaban apedrearla como dice la Ley.

Pero además de realizar un acto de justicia eligieron traerla delante de Jesús… para tentarle y encontrar ocasión para usar el hecho en su contra.

Todos ellos eran tiradores de piedras. Personas listas para juzgarlo todo y ser los dueños de la verdad absoluta.

¿Existen hoy tiradores de piedras?

He visto en el último tiempo tiradores de piedras en nuestra sociedad. Personas que han decidido que ellos pueden juzgar sobre la vida de otros y apedrear sin problemas.

Llevan los flecos de su religiosidad con ellos, algunos creyendo que por tener iglesias con miles de personas, o porque les dicen “pastor”, ya les alcanza para sentirse con derecho a ser apedreadores profesionales.

Limpiar la iglesia, separar el trigo de la paja, ayudar a los pecadores a tomar conciencia, cuidar la casa y mil otras excusas son las que usan para que el acto de ser apedreadores profesionales tenga una justificación y fundamento.

También he visto a quienes usan el apedrear como una profesión. Sin importar ni a quién ni para qué, sacan piedras y piedritas que tiran con soltura en cada paso que dan. Ellos saben cómo hacerlo y disfrutan de cubrir su hipocresía con el polvo que levantan ante tanta arenisca derramada.

Y los peores son los apedreadores modernos, que en nombre de la innovación, o de cómo se hacen las cosas ahora, tiran piedras a corazones entregados a Dios y buscan cambiarles su adoración profunda por modernidad superficial.

Tiradores de piedras. Profesionales habituales o con nuevo contenido, pero todos, al fin, tiradores de piedras. Personas que tienen la mano lista y la piedra preparada para que la misma caiga sobre la vida de una persona o una organización.

¿Qué hizo Jesús con los tiradores de piedra?

Ellos se acercaron a Jesús y le dijeron: “Maestro, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio y la Ley manda apedrearla… ¿tú qué dices?”

Lo que le decían era “verdad”, pero su deseo era tenderle una trampa para que dijera algo que pudiera ser usado en su contra.

Apedreadores profesionales buscando que Jesús cayera en las garras de la ley por encima del amor, de la culpa por encima del perdón, de que les dé la razón por encima de la entrega y cuidado de unos con otros. Tiradores de piedras que se llenan la boca de lo correcto como si fueran Dios mismo. Lo que es peor aún, dado que Dios no se mueve así ante estos actos.

Respuesta ante los que desean apedrear por el pecado

“Jesús se inclinó y mientras escribía en tierra les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!». Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo.

Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de más edad, hasta que quedaron sólo Jesús y la mujer en medio de la multitud.

Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer:
—¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó? —Ni uno, Señor —dijo ella.
—Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más”, (Juan 8:10-11 NTV).

Se fueron quienes te condenaban, le dijo Jesús.  Solo quedas tú contigo misma. Jesús la puso a ella en una nueva posibilidad. Ya no te condenes tú tampoco y cambia tu vida. No peques más…

El poder ante los apedreadores en las palabras de Jesús

Jesús resumió la actitud que debemos tener ante aquello que no estuvo correcto. Ellos no te condenan. Yo tampoco. Tú tampoco lo hagas…

Esto permitirá a la persona a tomarse de la mano del creador para cambiar su vida.

El relato nos cuenta que primero se fueron los de más edad. Cuanto más años tienes, más conciencia tienes de la misericordia y la gracia que necesitas.

Jesús dijo “No peques más”. Esto es profunda misericordia. Así como le dijo “Yo tampoco”, lo que es profunda gracia.

La misericordia y la gracia le dan un nuevo valor a una vida despreciable. No las piedras.

Si no fuera por Jesús nuestros pecados tendrían consecuencias eternas. Si no fuera por Jesús nos sentiríamos invisibles o lo peor de lo peor. Así hubiera sido su vida si Jesús no le hubiera dicho a la mujer “yo tampoco te condeno”.

El amor siempre es más grande que la gracia. La necesidad de ayudar a otros a no ser condenados, a tomar conciencia de la misericordia y la gracia y a valorarse desde la mirada de Dios.

Ante los apedreadores, puedes decir EL QUE ESTÉ LIBRE QUE TIRE LA PRIMERA PIEDRA. Ante el pecado puedes decir… Jesús me dice: vete y no peques más… Puedo hacerlo hoy.

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