Cuartos oscuros

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Las zonas negras y grises de nuestro corazón son el portal del enemigo.

“Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor”, Lucas 11:36

Lucas nos presenta la posibilidad de que una vida con luz tenga zonas oscuras.

Las tinieblas son todas aquellas áreas desprovistas de la luz de Dios. Son áreas en las cuales estamos atadas, dado que no están sometidas al Señorío de Cristo y albergan pecado. A tal efecto Jesús advirtió en Lucas 11:35 “Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas”.

Es muy peligroso cuando, como cristianas, tenemos habitaciones en las que no le permitimos al Espíritu Santo entrar y limpiar. Cuando toleramos el pecado en algún área de nuestra vida, las tinieblas inmediatamente hacen acto de presencia oscureciendo el consejo de Dios, convirtiéndose en la recámara de Satanás y encerrándonos en las prisiones del mal (Judas 6).

Es esencial para nuestro bienestar que podamos discernir las zonas de nuestra naturaleza carnal que están abiertas y sin protección, para que podamos evitar los asaltos del enemigo. Cuando Jesús le advirtió a Pedro que lo negaría tres veces, es porque éste tenía puertas abiertas de orgullo en su corazón. No fue por temor, puesto que horas antes él había enfrentado a los soldados, desenvainando su espada e hiriendo a uno de los que habían ido con el sumo sacerdote a arrestar a su Señor (Juan 18:10).

Según Lucas 22:24-30, justo antes del anuncio de la negación de Pedro hubo una disputa entre los discípulos acerca de quién sería el mayor a la partida de Jesús. El pasaje parece inferir que como vocero principal del grupo, por su carácter fuerte e impulsivo y por la doble repetición de su viejo nombre (Simón) en lugar de Pedro por parte de Jesús, que él fuera el que más fuerte haya argüido sobre el lugar de prominencia. 

Con esto, el pecado de orgullo, Pedro le cedió la entrada a Satanás a un área de tinieblas en su corazón. Ciertamente, “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Proverbios 16:18).

Amadas, las zonas negras y grises de nuestro corazón son el portal del enemigo. Es necesario limpiar nuestro corazón de todo pecado mediante el efecto purificador del Espíritu Santo en obediencia a la Palabra de Dios. Dejemos que la luz de Cristo nos invada.

Oración: Padre, gracias porque por tu gracia salvadora fuimos libradas del dominio de las tinieblas, y trasladadas al reino del amado Hijo; el reino de la Luz (Colosenses 1:13). Que tu presencia y tu luz invada todo mi ser, y tu Espíritu me limpie de toda contaminación. En el nombre de Jesús, amén.

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