Cuando tuve que decir no... y no quería

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Cada etapa de la vida tiene sus sacrificios y eso, a veces, implica poner pausa a nuestros sueños, planes y proyectos.

Leí el correo y casi me caigo de la silla.  Era una oportunidad que me daba deseos de saltar. Algo que me encanta hacer. Ir a un país que se ha ganado un espacio en mi corazón. Un sueño que he estado contemplando durante varios meses… pero no podía decir que sí. Dos semanas es mucho tiempo cuando uno tiene hijos pequeños.

¿Te ha pasado alguna vez? ¿Tener que decir que no cuando en realidad quieres decir que sí? ¿Y cuánto más si se trata de una buena causa, de algo que sabes que beneficiará a otros e incluso en lo que Dios te puede usar para cambiar vidas? Eso fue lo que me pasó, con todo mi corazón quería decir que sí, pero en mi mente, desde un principio, supe que tendría que decir que no. Y algo adentro me dolía.

Cada etapa de la vida tiene sus sacrificios y eso a veces implica poner pausa a nuestros sueños, planes, proyectos. Cuando somos madres nos pasa muchas veces. La oportunidad surge pero el momento no es el idóneo. Y eso me puso a pensar en las palabras de Pablo que están en Filipenses 4:11: “…pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre” (NVI).

¡Cuántas veces he protestado por mi situación y he sentido cualquier otra cosa menos satisfacción! ¿No te ha pasado? Pensamos en cuánto pudiéramos hacer si no tuviéramos la responsabilidad de ser madres, por ejemplo. Y claro, luego de pensarlo, enseguida he experimentado culpabilidad. No me malinterpretes, amo a mis hijos con todo mi ser, pero si eres mamá sabes a lo que me refiero. Si no eres mamá, de todos modos esto aplica a ti también. 

¿Cuál era el secreto de Pablo? Aprender a sentir satisfacción en cualquier situación. ¿Cómo se aprende? Cuando recordamos que cada etapa de nuestra vida es eso, una etapa, algo que tiene un comienzo y un final, y que mientras estamos en ella Dios nos va moldeando para así alistarnos para la próxima. 

¿Sabes lo que he aprendido también? Que mientras más pataleemos, nos quejemos y refunfuñemos, más larga será la trayectoria, porque Dios sabe que todavía no estamos listos para el próximo paso. Una vida feliz no es una vida que lo tiene todo, porque todo no existe en términos humanos, siempre vamos a querer algo más. La vida feliz es la vida que disfruta las etapas, que aprende a estar satisfecha en cada situación, aun cuando no sea la ideal, cuando los sueños estén congelados, cuando haya cosas que con tal de cambiarlas darías o harías lo que fuera necesario. 

A veces tenemos que decir no cuando quisiéramos decir sí. Pero aunque duele, también nos ayuda a crecer, porque en algunas casos las causas serán buenas; pero en otros, cuando no sea así, el entrenamiento de haber aprendido a decir no, cuando queremos decir sí, nos será muy útil. Y si somos capaces de estar satisfechas en medio de todo, habremos aprendido el secreto de vivir contentas independientemente de cuál sea la situación. Incluso luego de decir no.

¡Sigue viviendo para Él!

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