Cuando no eres la primera opción

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Dios preparó a su rey en los pastos, mientras cuidaba a las malolientes ovejas, y lo mismo puede estar haciendo contigo.

“Isaí le presentó a siete de sus hijos, pero Samuel le dijo: —El Señor no ha escogido a ninguno de ellos. ¿Son estos todos tus hijos? —Queda el más pequeño —respondió Isaí—, pero está cuidando el rebaño. —Manda a buscarlo —insistió Samuel—, que no podemos continuar hasta que él llegue. Isaí mandó a buscarlo, y se lo trajeron. Era buen mozo, trigueño y de buena presencia. El Señor le dijo a Samuel: —Este es; levántate y úngelo.” 1 Samuel 16:10-12

David tenía algún conocimiento sobre lo que era ser ignorado.

De nuestra lectura de hoy podemos observar que el padre de David no lo tenía muy en cuenta, ya que él mismo olvidó nombrarlo cuando el profeta Samuel fue a preguntar por su hijos. ¿Cómo te sentirías si alguien muy importante viniera a tu casa y tu padre no te invitara a acompañarlos a él y al resto de la familia en la reunión?

Ya ves, David sabía lo que era ser ignorado.

Ignorado porque le hacían faltan cualidades – o eso era lo que su padre le había hecho pensar desde que nació – ya que no fue el primer hijo y, además, era el último de los hijos.

Ignorado porque no tenía la apariencia adecuada. Había otros que se acercaban más a los requerimientos de un guerrero. Había otros que tenían mejores cualidades para el trabajo. Incluso el profeta Samuel se dejó llevar por las apariencias de todos los hijos y asumió que Dios había escogido uno que luciera de cierta manera.

Ese día Dios enseñó a Isaí y a Samuel, así como a nosotros, una lección muy importante. Y la leemos así en 1 Samuel 16:7,

Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”

¿Lo escribirías en un trozo de papel y lo pegarías al espejo de tu baño para leerlo todos los días en las mañanas?

“El hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira al corazón.”

Desde la perspectiva del mundo, estar cuidando ovejitas que huelen feo no es un lugar interesante para trabajar. Ahhh… pero esos pastos y esas ovejas. Ellos tenían un propósito divino. Dios usó lo oscuro, lo más bajo, lo olvidado y desechado para formar y moldear a su futuro rey.

David aprendió habilidades invaluables mientras cuidaba de aquellas ovejas indefensas.

“… De detrás de las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad. Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos.” – Salmo 78:71-72

Dios tenía un propósito más grande para David en esos pastos. Dios estaba preparando a su futuro rey– aquel que sabría no solo cómo ser un guerrero magnífico sino además un protector de las pequeñas e inocentes ovejas a las que alguien buscaba devorar. Dios desarrolló en David un corazón sensible.

De los versos de hoy veo dos lecciones que Dios nos quiere enseñar:

1. No estamos para buscar la aprobación de los humanos sino la de Dios. Y quizás nuestros jefes o incluso nuestra familia no nos vean valiosos o merecedores… pero Dios sí. Él conoce nuestros corazones, Él ve lo que es realmente importante, y eso es lo que importa.

2. NO deseches los comienzos humildes. Muchos de los grandes testimonios vienen de personas que vienen con ese tipo de comienzos.

Dulce amiga, tú – así como yo- quizás no somos la primera opción de alguien, pero ¿sabes qué? quiero animarte hoy, no importa el valor que los demás nos den. Jesús pensó que valía la pena morir por nosotras, así que por amor Él fue a la cruz en nuestro lugar.

Eres querida.

Eres valiosa.

Eres amada.

Sé agradecida con esos pastos que Dios ha puesto en tu vida en estos momentos. Aprende lo más que puedas de ellos. No sabes cuándo Dios usará esas habilidades para Sus propósitos divinos.

Desafío: Escribe el versículo de 1 Samuel 16:7 en una tarjeta de cartulina o una pieza de papel y pégalo del espejo del baño, cerca del lavadero de los platos, en tu auto, en tu computadora en el trabajo… En ese lugar en el que lo puedas ver y que te recuerde la VERDAD. Los caminos de Dios no son los nuestros… Él te ve como eres realmente… Él conoce nuestros corazones.

“No mires a su apariencia; Porque Jehová mira el corazón” 1 Samuel 16:7

Por Ángela Perritt

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