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Cuando menos lo esperas

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Aunque nuestros ojos no puedan ver algo y creamos que todo parece estar igual, el cielo constantemente sigue moviéndose a nuestro favor.

 Yo le ruego que no se olvide de mí. Por favor, cuando todo se haya arreglado, háblele usted de mí al faraón para que me saque de esta cárcel. A mí me trajeron por la fuerza, de la tierra de los hebreos. ¡Yo no hice nada aquí para que me echaran en la cárcel!” – Génesis 40: 14 -15 NVI

“Sin embargo, el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él por completo.” – Génesis 40: 23 NVI

“Dos años más tarde, el faraón tuvo un sueño: Estaba de pie junto al río Nilo cuando, de pronto, del río salieron siete vacas hermosas y gordas que se pusieron a pastar entre los juncos. Detrás de ellas salieron otras siete vacas, feas y flacas, que se pararon a orillas del Nilo, junto a las primeras. ¡Y las vacas feas y flacas se comieron a las vacas hermosas y gordas! En ese momento el faraón se despertó. Pero volvió a dormirse, y tuvo otro sueño: Siete espigas de trigo, grandes y hermosas, crecían de un solo tallo. Tras ellas brotaron otras siete espigas, delgadas y quemadas por el viento solano. ¡Y las siete espigas delgadas se comieron a las espigas grandes y hermosas! En eso el faraón se despertó y se dio cuenta de que solo era un sueño. Sin embargo, a la mañana siguiente se levantó muy preocupado, mandó llamar a todos los magos y sabios de Egipto, y les contó los dos sueños. Pero nadie se los pudo interpretar. Entonces el jefe de los coperos le dijo al faraón: «Ahora me doy cuenta del grave error que he cometido. Cuando el faraón se enojó con sus servidores, es decir, conmigo y con el jefe de los panaderos, nos mandó a la cárcel, bajo la custodia del capitán de la guardia. Una misma noche, los dos tuvimos un sueño, cada sueño con su propio significado. Allí, con nosotros, había un joven hebreo, esclavo del capitán de la guardia. Le contamos nuestros sueños, y a cada uno nos interpretó el sueño. ¡Y todo sucedió tal como él lo había interpretado! A mí me restituyeron mi cargo, y al jefe de los panaderos lo ahorcaron». El faraón mandó llamar a José, y en seguida lo sacaron de la cárcel. Luego de afeitarse y cambiarse de ropa, José se presentó ante el faraón, quien le dijo: —Tuve un sueño que nadie ha podido interpretar. Pero me he enterado de que, cuando tú oyes un sueño, eres capaz de interpretarlo. —No soy yo quien puede hacerlo —respondió José—, sino que es Dios quien le dará al faraón una respuesta favorable. “ – Génesis 41: 1-16 NVI

Después de escuchar el devocional, medita en los siguientes puntos:

Esta mañana me levanté pensando...

…en que hay algunos momentos de la vida donde no supe que Dios obraba a través del tiempo y al ver cómo el tiempo pasaba y nada sucedía, me llené de excusas.    

1. Necesitamos aprender a trabajar con el tiempo como nuestro aliado sin darle excusas. La excusa y el tiempo funcionan como un daño que se ocasiona en silencio y que no te das cuenta de su consecuencia hasta que sale a la luz. Cuando no le damos el manejo correcto, las excusas terminan convirtiéndose en algo desgastante que no nos permite aprovechar el tiempo y hacer buen uso de él.

2. La vida de José nos enseña que sí podemos vivir sin excusas. Él tuvo todos los argumentos para vivir de excusa en excusa, pero la determinación de su corazón fue avanzar hasta ver el cumplimiento del plan que Dios había destinado para él.

3. El tiempo funciona en nuestras vidas como la plataforma que Dios usa para preparar nuestro corazón y determinar el cumplimiento de sus promesas en nosotros.

4. La historia dice que el faraón soñó y después de buscar y ver que nadie le había interpretado el sueño, entonces mando a traer a José. Esa mañana José no espero que fueran por él y menos que le hubiese llegado el tiempo de salir de la cárcel. Pero así son las cosas en Dios, todo puede suceder cuando menos lo esperamos y cuando más lo necesitamos.

5. En nuestra vida existen largos períodos de tiempo en los cuales creemos que Dios no está haciendo nada, pero cuando llega el tiempo divino todo puede cambiar en un instante. Quizás a José ya se le había olvidado lo que vivió con el copero y ya no estaba esperando nada. Lo que José no sabía era que en ese tiempo de quietud Dios seguía trabajando. Debemos recordar que, aunque nuestros ojos no puedan ver algo y creamos que todo parece estar igual, el cielo constantemente sigue moviéndose a nuestro favor.

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